Miércoles, 20 Enero 2016 20:38

Todos necesitamos sanidad sexual

Aun los seguidores de Jesús son víctimas de las suposiciones de nuestra cultura sobre el sexo.

Cuando se refiere a la sexualidad, existe un abismo cada vez mayor en la forma en que los cristianos y la gente secular piensa. Las perspectivas bíblicas y culturales chocan, no sólo en con quién y cuándo se puede tener sexo, sino también en para qué es el sexo, lo que significa, lo que en esencia es. Claramente, eso crea desafíos para el trabajo de apologética y evangelismo. Pero también frustra los esfuerzos de discipulado y formación cristiana.

Sencillamente a causa de vivir en el Occidente moderno, los seguidores de Jesús no pueden evitar absorber las suposiciones, prácticas e historias de una cultura centrada en la búsqueda de satisfacción de los deseos individuales. Como resultado, nuestros esfuerzos de pureza y restricción—promesas, anillos, conversaciones anuales sobre el sexo, las campañas ‘El Amor Verdadero Sabe Esperar’ son como pelear contra tanques de guerra con rifles de postas. Necesitamos una visión del sexo más completa y convincente.

Eso argumenta Jonathan Grant, pastor anglicano en Nueva Zelanda, en su libro Sexo divino: Una visión convincente para las relaciones cristianas en una edad hipersexualizada. Su punto principal es que las instrucciones, exhortaciones, y doctrinas son vitalmente importantes pero solo llevan hasta cierto punto. En su lugar, necesitamos reinterpretar totalmente nuestra narrativa popular de la liberación sexual, con todos sus implicados compromisos, deseos, y prácticas.

Lo primero es comprender por qué el mundo moderno ve el sexo de la manera en que lo hace: como expresión del yo personal, un hecho de libertad, una elección del consumidor, y una actividad fundamentalmente natural (en vez de una que transciende). Para romper el paradigma, se debe crear una nueva dirección para la formación cristiana, que requiere una nueva forma de pensar respecto al futuro, los deseos humanos, nuestra historia común, y prácticas cotidianas.

Cómo llegamos aquí

Para comprender la sexualidad, es importante estudiar la genealogía de la sexualidad moderna, explicando cómo llegamos aquí y por qué importa. Es debido a varios cambios filosóficos, científicos, y culturales que el sexo ha sido separado del contexto social que tradicionalmente le había otorgado su significado esencial.

El sexo ha sido redefinido como una entidad separada, autónoma en sí misma, un producto básico independiente que puede ser reclasificado bajo cualquier categoría.

Esto ha ocurrido en cinco etapas: la separación del sexo de la procreación (a través de la anticoncepción), luego del matrimonio (con el aumento de la cohabitación), luego de la unión (como el sexo se vuelve temporal y recreativo), después de otra persona (a través del gran aumento de la pornografía en línea), y finalmente de nuestros propios cuerpos (a través de cuestionar las categorías de “varón” y “hembra”). A causa de hacer el sexo tan fácil e individualista, lo hemos degradado y de este modo le hemos quitado su poder. Tratamos de simplificarlo, pero terminamos reduciéndolo.

Aprendemos, por ejemplo, por qué las diferencias entre la etapa de la infatuación y la etapa del compromiso de una relación son tan definidas que se miran en los encefalogramas.

Vemos la información alineada para mostrar que el contraer nupcias más tarde, después de frecuente cohabitación, en realidad conduce a menos matrimonios satisfechos. Vemos las raíces históricas del “egocentrismo” en las relaciones sexuales, ya que incluso algunos pastores llegan a suponer que los matrimonios son públicos, no privados. Aunque esta avalancha de ideas, disciplinas, y estructuras pudiera resultar agotadora, el estímulo que provee— principalmente en confirmar cómo la visión de la sexualidad del cristiano es confirmada por la investigación en numerosos campos— más que lo recompensa.

Existen algunas historias graciosas de los ricos y famosos: el comentario de John Mayer que él a veces ve 300 mujeres desnudas antes de levantarse en la mañana, o la historia de Naomi Wolf acerca de un hombre joven que le pregunta, inexpresivo, “¿Misterio? No sé de qué estás hablando. El sexo no tiene ningún misterio.” Otros, sin embargo, vienen del campo pastoral.

Realidades Difíciles

El libro Sexo Divino expertamente diagnostica el problema de nuestro “moderno imaginario sexual.” Pero ¿cómo podemos transformarlo en algo mejor? Aunque Grant ofrece conocimiento y recetas útiles, al final parecen un poco inadecuados. Sin duda, necesitamos escuchar el reino de Dios ser proclamado continuamente. Necesitamos que nuestros corazones se deleiten en Dios. Necesitamos discipulado de vida-a-vida a través de la iglesia. Necesitamos hábitos que formen nuestro carácter y visión, que a su vez son integrados a nuestra adoración semanal. Aún a pesar de proclamar dichos pasos como “una nueva dirección de formación cristiana”, esto es precisamente lo que las iglesias saludables han hecho por siglos.

Por supuesto, esto bien podría ser una virtud. Sin embargo, estos componentes básicos se convierten en una lucha diaria de formación cristiana pueden ser desarrollados y mejorados en medio de las realidades de la vida moderna.

Puede ser que algo nos falte. Por ejemplo, un llamado a nuestras iglesias para que hablen de sexo y alienten a las parejas a descubrirlo como regalo de Dios, como el momento sagrado en que se consuman los votos y los esposos se funden en un solo ser: Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser. Génesis 2:24.

No es muy claro si algo nos falta como iglesia, y si es así, qué es. Puede ser que sencillamente se necesite un llamado a las iglesias para que hagan estas cosas más consistente e intencionalmente—“mantén la calma y continúa,” como diríamos nosotros los ingleses. Si lo está, estoy de acuerdo. Sin embargo, al presentar todo esto como nuevo, se generan nuevas expectativas: todos necesitamos una sanidad sexual, sin importar si llegamos vírgenes al matrimonio o tuvimos experiencias previas, si fuimos abusados, maltratados o si nuestra sexualidad aparentemente ha sido plena. Todos necesitamos pasar por una sanidad sexual para que este punto fundamental de la relación conyugal no se desdibuje con el tiempo, sino que rindamos culto al creador con nuestros cuerpos en toda su expresión.

Es por esto que la contribución más significativa para la solución de los diferentes conflictos sexuales la provee el libro Divine Sex y es posiblemente la excelente manera de encuadrar el problema. Al proveer un informe serio, completo, y convincente de la opinión de nuestra sociedad con respecto al sexo, Grant provee los recursos que necesitamos para desafiarlo, examinarlo, y finalmente subvertirlo. Después de todo, si nuestra visión de la sexualidad da lugar a un desfile de horribilidades ¿por qué hemos de mantener dicha visión?

Por: Andrew Wilson es columnista de Christianity Today, anciano en la Iglesia King de Eastbourne, Inglaterra.

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