Viernes, 20 Mayo 2016 21:24

La economía en el matrimonio

Cuando una pareja emprende la aventura del matrimonio una de sus prioridades debe ser la planificación de la economía familiar.

En los tiempos en que vivimos y descontando los casos más bien excepcionales en que el esposo posee una generosa solvencia, es recomendable que los dos cuenten con ingresos con los que puedan contribuir al sostenimiento del hogar. Mucho más cuando la familia crece con la llegada de los hijos.

La ilusión que la pareja alberga acerca del matrimonio tiene que tener una gran dosis de realismo de modo tal que no se dé por sentado que la llama del amor romántico, tan abrasadora durante el noviazgo y las primeras etapas del matrimonio, superará sin problemas los escollos en la economía. Por eso los consejeros matrimoniales, apoyados en la Palabra de Dios, señalan la importancia de devengar un salario, especialmente cuando de la cabeza del hogar, es decir del varón, se trata. Esto no implica que a la mujer le estén vetadas las actividades laborales o el ejercicio de una profesión, pues su rol de ayuda idónea compagina muy bien con el hecho de poder aportar con sus ingresos al hogar.

Recordemos que el matrimonio no consiste en una competencia o rivalidad para ver quién gana más o quién llega más lejos profesional y laboralmente hablando, actitud censurable fomentada por esa popular frase de cajón que dice: “la plata manda”. No es sano entrar en esta dinámica que lo único que logra es generar frustración y amargura para quien está en desventaja en los ingresos a la par con la altivez y el arbitrario control ejercido por parte de quien se encuentra en ventaja en el aspecto económico. Y en esto el género no hace diferencias, pues tanto el hombre como la mujer que más devengan pueden ser víctimas de estas actitudes tóxicas para la salud y el bienestar de la familia.

Este tipo de relaciones no son sanas debido a que miden los logros en términos económicos, algo nefasto para preservar la unión marital. Las prioridades de la pareja terminan girando alrededor del “tener” y no del “ser”, dictando así el rumbo de la relación hasta que las mismas circunstancias se encargan de hacernos saber, usualmente de manera dolorosa y en ocasiones de forma irreversible, que como lo dijo el Señor: la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes. Lucas 12:15.

Mejor una sola bolsa

Establecer una sola bolsa en el hogar facilita a las parejas tener clara la responsabilidad de elaborar un presupuesto conjunto y trabajar ardua y disciplinadamente para lograr constituir un ahorro, en consonancia con el principio de acuerdo que formula la Biblia en Amós 3:3 ¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo? Por todo esto, es necesario que desde el principio de la relación haya claridad en cómo se va a manejar la economía en el hogar.

La distribución o división del trabajo en el hogar también es una decisión sabia y conveniente, con el hombre asumiendo el mayor  peso de la provisión económica y su esposa haciendo lo propio con el manejo del hogar y la crianza de los niños. En relación con éstos, el tiempo que tarden en llegar debe ser aprovechado para maximizar los aportes de ambos a la economía del hogar, pues con su llegada la pareja se enfrenta a la decisión de tener que elegir entre el trabajo de la madre y su consecuente aporte a la economía del hogar o su dedicación de tiempo completo al hogar como ama de casa, aunque hoy se pueden combinar ambas actividades dado el incremento de trabajos de medio tiempo o de horario flexible y que se pueden llevar a cabo desde la casa. Sea como fuere la madre que está presente en el hogar contribuye decisivamente a la conformación de familias más sólidas, bien educadas y con principios morales claros. Por contraste, donde hay grandes capitales al costo de hijos criados por abuelas, niñeras o empleadas del servicio doméstico, los resultados no son los mejores.

Cualquiera que sea la situación laboral de los cónyuges, tener una sola bolsa, además de los ya señalados beneficios, puede evitar esas deplorables situaciones por las cuales los padres se llegan a dividir el sostenimiento de los hijos en el hogar para que, a la hora del inminente y anunciado divorcio, cada uno tome al hijo o hijos en los que invirtió.

El matrimonio es un proyecto para la formación de familias y no de capitales. Y si se logran ambos, estos últimos deben ser familiares y no personales, planificando juntos las inversiones, la recreación e incluso los gastos del diario vivir.

La economía doméstica ideal

No podemos dejar de señalar que en una familia con principios cristianos es imprescindible honrar primero a Dios con nuestros bienes mediante los diezmos y las ofrendas, práctica que pone nuestra economía bajo la bendición y protección de Dios, según lo dice Malaquías 3:10: Traigan íntegro el diezmo para los fondos del Templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto –dice el Señor Todopoderoso–, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Si además de ello logramos destinar siquiera otro diez por ciento del ingreso familiar al ahorro, estaremos construyendo una economía sana en el hogar y previniendo las presiones que las finanzas suelen colocar sobre las familias de hoy.

Es ideal proyectar nuestras compras de tal manera que evitemos al máximo el crédito y en su defecto llevemos a cabo ahorros programados que nos permitan en su momento hacer planes realistas para inversiones de largo y mediano plazo tales como la adquisición de vivienda, de automóvil y los planes de educación para nuestros hijos.

Y más a corto plazo la planificación de vacaciones y otros gastos de menores montos, incluyendo los pequeños gustos que a veces queremos darnos. Así evitaremos al máximo incurrir en deudas y sus respectivos intereses que pueden socavar lentamente la economía familiar. Si somos disciplinados en estos aspectos podremos llegar a disfrutar de economías sólidas con la tranquilidad que ellas pueden brindarnos de modo que podamos dormir tranquilos y confiados en que Dios se agrade de nuestros buenos y ordenados hábitos financieros y nos conceda su paz y su reposo, libres de preocupaciones económicas que está en nuestras manos evitar, manteniendo alejados los embargos, las quiebras y los intereses onerosos que transforman la vida de muchos en verdaderas pesadillas.

- Recomendaciones

- Que los ingresos sean mayores que los gastos.

- Que los hijos hagan parte de la planificación económica.

- Tener una comunicación abierta sobre el tema.

- Tener un fondo para gastos imprevistos.

- Cada integrante de la familia debe tener una asignación individual que administrar, incluyendo a la esposa que ejerce únicamente como ama de casa.

- Proponer metas de ahorro.

- Fomentar el ahorro en los niños desde temprana edad.

- Planificar la jubilación

- Saber en qué se gasta el dinero diario.

- Reducir o eliminar las deudas.

- Reducir gastos.

- Evitar la visita a centros comerciales como recreación familiar, sorteando así la tentación del consumismo.

Por: Deisy Guzmán de Rojas. Periodista Universidad de la Sabana, Bogotá.

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