Jueves, 22 Septiembre 2016 18:14

¿Depresión infantil?

Trastorno del estado de ánimo que también afecta a los pequeños

La depresión que afecta a los niños casi siempre resulta altamente incapacitante. Si tenemos en cuenta la falta de madurez emocional así como la escasez de recursos para afrontarla y para que los niños manejen sus propias emociones, es cuando comprendemos que en los más pequeños puede interferir de gran manera en su desarrollo.

La prevalencia de la depresión infantil es algo similar a la de los adultos. La Organización Mundial de la Salud estima que 3% de la población infantil en el mundo sufre algún grado de depresión, mientras que las consultas a pediatras se cuentan entre 10% y 15% en cada profesional entrevistado por los padres y sus hijos.

Pero debemos diferenciar entre depresión y tristeza. La depresión infantil es un desorden caracterizado por una alteración en el estado de ánimo acompañado de problemas a nivel escolar, en el hogar, o en la comunidad familiar o de vecindario donde se mueve el pequeño.

Debemos distinguir entre depresión y tristeza porque muchas veces los pequeños, igual como ocurre con los adultos, podrían estar tristes por algún episodio transitorio pero no han estado deprimidos.

Niños muy… muy tristes

Para afirmar que un niño sufre depresión, es cuando el pediatra o psiquiatra infantil emite un diagnóstico encuadrado dentro de la salud mental y el niño no debe sentirse triste sino muy… muy triste, pues la serie de alteraciones en su psiquis que aprecian los adultos (padre, madre, tíos, abuelos, profesores(as) del colegio, vecinos y amigos) deben llamar la atención de los adultos que rodean la vida de cada pequeño(a).

Un niño triste se nota así y hasta puede llorar porque su madre no le compró un helado, circunstancia que se borra pronto en los recuerdos del niño. Aquí decimos que se puso triste, pero ya se le pasó.

En cambio, el estado depresivo es más agudo y largo en el tiempo y las circunstancias y el pequeño denota estar muy…muy triste y de tener dentro de sí una serie de alteraciones que se observan en casa y en el colegio y es cuando el pequeño paciente se nota retraído durante largo tiempo y ahora no le llaman la atención aquellas cosas, eventos o circunstancias que lo alegraban antes, como ver el programa de televisión infantil preferido o abrir la nevera en casa y comerse un bananito después de quitarle él mismo la cáscara.

¿Cuándo? En cualquier momento

¿A qué edad podría surgir la depresión en un niño? La respuesta es muy controvertida pero la más obvia, claro, es: en cualquier momento, y esto lo dicen varias fuentes de literatura científica cuando se busca qué prevalencia y porcentaje de niños demuestran con sus comportamientos que están padeciendo esta enfermedad que empieza siendo psíquica y luego se generaliza en el cuerpo del pequeño incluido su cerebro.

Datos claros y precisos sobre a qué edad, no hay. Pero debemos pensar que en la más tierna infancia la prevalencia no es tan alta y hablamos de 1% a 3% de la población infantil de un país como Colombia. Aunque sí se sabe que un 5% de niños en un conglomerado determinado padecen depresión en algún momento.

Aquellos pequeños que por razones hogareñas, como por ejemplo, papá y mamá que se enfrascan con frecuencia en discusiones subidas de tono, o cuando el niño observa que falta la figura paterna o la materna, o los que han experimentado la pérdida de un ser (abuelo o abuela) porque no volvieron a verlo, o porque tienen desórdenes de la atención o de la conducta, o dificultades de aprendizaje de aquello que le enseñan en el colegio, o por problemas permanentes de salud, y varios etcéteras más, o simples problemas de salud mental, corren mayores riesgos de depresión.

Cada niño es único en su forma de ser, en su personalidad y en la manera de aceptar los cambios que se producen en su vida.

Para llegar a sospechar que su niño tiene depresión, la madre en primer lugar pero el padre también, es necesario conocer muy bien al pequeño y comprobar sin necesidad de una visión psiquiátrica, que realmente es normal por su comportamiento en casa y por lo que digan sus maestros(as) del colegio.

Cuando el pequeño crece por el pasar de los años y llega a la pubertad, es cuando los padres deberán cambiar sus estrategias médicas porque el niño estará dejando de serlo para empezar a incursionar a la adolescencia y entonces, podemos hablar que los adolescentes en Colombia que padecen la depresión crecen entre un 3% y un 9% de nuestra población en esa edad.

También afecta en los bebés

Con niños de hasta tres años, las señales para preocuparse empiezan cuando esos pequeños parecen tristes o decaídos así sus padres, abuelos o hermanos mayores los estén consolando con frecuencia.

La depresión en los bebés se ve reflejada en su estado de ánimo lo cual no significa que el bebé llore porque siempre está triste, sino que da la impresión de estar apático y sin iniciativas para, por ejemplo ponerse a jugar con un carrito de madera o de plástico.

Las consecuencias de la depresión no significan que el bebé llore siempre porque está triste sino que da la impresión de que está apático y no muestra iniciativa alguna cuando, por ejemplo, lo llevan a un parque con trapecios para pequeños pero ellos lo ven y le dan la espalda.

La depresión en bebés se refleja en varios aspectos. Puede producir cierto retraso en el desarrollo como caminar menos rápido y firme que tarda más de lo normal, o retrasos en su lenguaje, o demoras en dormirse o alteraciones en la alimentación que mantienen al bebé en cierto estado de decaimiento.

Alerta con lo siguiente

Algunos padres nos preguntan: ¿La depresión es hereditaria? No, no lo es. Pero no debemos apresurarnos a sacar conclusiones pero padres y maestros deben estar atentos comunicándose mutuamente cuando el niño presenta algunas de las siguientes características:

- Está continuamente triste y llora con facilidad sin que ocurra algo o se golpee.

- Pierde interés por los juegos preferidos y por ir a la escuela.

- Se aleja de sus amiguitos o vecinos.

- Muestra una pobre comunicación.

- Se aburre y se cansa con facilidad.

- Muestra menos energía o concentración.

- Se irrita o es demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones que se traducen en rabietas o berrinches.

- Expresa baja autoestima, p.e., no ríe o goza cuando mamá le pone un bello y nuevo vestido.

- A veces es agresivo.

- Duerme demasiado o, al revés, muy poco.

- Come muy rápido o muy poco.

- Presenta una regresión al hablar como un bebé o vuelven a orinarse otra vez en la cama.

Los anteriores son conceptos expresados por la psicóloga Vanessa Fernández López, especialista en emociones infantiles.

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