Viernes, 21 Abril 2017 20:40

Un extraño en casa

La adolescencia transforma a nuestros hijos. hechos&crónicas cuenta cómo sobrevivir a esta etapa con amor y respeto.

De repente, un día descubres que tu hijo se ha convertido en un extraño, un  extraterrestre, como cuenta María, la madre de Hugo. Llevaba tiempo observando ciertos cambios pero, ya no hay duda, se ha convertido en un adolescente. Un día te come a besos y busca estar a tu lado en el sofá para que lo abraces, acurruques. Otro día te grita, te contesta mal, cierra las puertas de la casa de un portazo, se pasa horas en su habitación sin querer tener contacto con el resto de la familia, y todo le molesta, le incomoda o le irrita. «Confirmado, tu hijo está en plena adolescencia», le dijimos a María, que últimamente andaba preocupada con su hijo de 14 años.

María no sabía qué le pasaba a Hugo, intentaba buscar un momento para hablar con él, pero nunca lo encontraba: «Que me dejes», «No me rayes», «Me estás asfixiando» era lo único que conseguía sacar de él.

Estos cambios de humor, característicos de la adolescencia, dificultan la relación y la comunicación padres hijos. Es una etapa en la que parece que ya no tienes nada en común con tu hijo, sienten que se entienden mutuamente, y te preguntas dónde quedó ese niño dulce y cariñoso que te decía: «Mamá, cuéntame un cuento», «¿Sabes lo que pasó hoy en el colegio?», «Dame un beso». En cambio, ahora le molesta todo lo que dices o haces.

Soy adolescente

Los adolescentes quieren ser originales, diferentes, no les gustan las normas y quieren hacer lo que les venga en gana. Les suele gustar la música, salir con los amigos y pasar horas con el celular o computador. Suelen relegar los estudios a un segundo plano, contestan mal, tienen cambios de humor repentino, les atrae el riesgo, tienen un interés desmedido hacia su cuerpo, detestan que les traten como niños, se agobian si les preguntan sobre algo de su vida, y parece que solo piensan en el tiempo libre y el ocio. También comen a deshoras, duermen mucho, se encierran en su habitación, y los portazos son uno de sus deportes favoritos.

 Actitudes para sobrevivir a un hijo adolescente.

Aunque como dicen las abuelas «antes las cosas eran diferentes», lo primero es tener en cuenta una serie de actitudes, de la mano con nuestras propias experiencias como adolescentes.

• Habla y escucha a tu hijo. La comunicación es esencial para lograr armonía familiar, mucho más durante la adolescencia, pero no querer contarles nada a sus padres también es una característica a esa edad. Parece que solo les interesa salir y compartirlo todo con sus amigos, que son los únicos que les entienden. La dedicación hasta este momento, el tiempo que desde niño has invertido en hablar con él, en preguntarle, en compartir experiencias, no cayó en saco roto. Volverá pasado este periodo en el que parecen rechazar todo lo que tiene que ver con lo aprendido en casa hasta ahora (en torno a los 18 años), porque en realidad ni lo rechazan ni lo olvidan, simplemente lo guardan para ensayar cómo ser adultos «a su manera».

Aunque estas fases de mutismo sean esperables, hay que crear un ambiente propicio para contar las cosas. Quizá ahora hable menos, y tengan que se los padres quienes le cuenten y compartan cómo estuvo su día. Haciéndolo así, es probable que en algún momento os sorprenda con un: « ¿Sabes mamá...?». Cuando esta situación se produzca, olvídate de juzgar el contenido de lo que te diga o no volverá a hacerlo. Eso sí, dile lo que te parece, y aunque creas que lo que te cuenta merece un sermón, es suficiente con: «Me gustó el rato de charla que tuvimos. Aun así, no creo que debas faltar más a inglés. Tu obligación es ir a clase y tendrás que asumir las consecuencias que el colegio pone a la falta injustificada».

• Elige bien la batalla. No puedes estar todo el día al pie del cañón o caerás en el error de estar corrigiendo, exigiendo, recriminando o castigando su actitud. Centra la atención en un aspecto concreto, ya habrá tiempo para cambiar otros. Evita transmitirle la sensación de que todo lo hace mal.

• Predica con el ejemplo. Sigues siendo su modelo de referencia y si en casa te ve llevando a cabo algún comportamiento, entenderá que él también puede hacerlo. Así que el «no grites» no tendrá mucho efecto si cuando pierdes el control en una discusión terminas gritando, o el «no nos mientas» si ve que le mentiste a la tía

• Dedica tiempo a hacer planes en común. Aunque no quiera pasar tiempo con ustedes y no haya manera de que se sume a esos planes que antes tanto le divertían, tienes que buscar, juntos, cosas que hacer. Por ejemplo, unos padres se apuntaron a un curso de surf con su hijo para compartir intereses. Hablaban de las nuevas tablas, veían documentales y planeaban las vacaciones juntos en busca del mejor destino para practicar su afición. Quizá estarás pensando, ¿yo surf? No es necesario, pero seguro que si dedicas un tiempo a hablar con tu hijo encontrarás algo que signifique menos esfuerzo que el surf. Puedes empezar organizando un concurso de cocina en casa, ver juntos un programa o serie de televisión y comentarla.

Curiosidades sobre los adolescentes

Aprender a conocerlos evitará peleas innecesarias. Según la revista ‘Muy Interesante’, estos son los datos más significativos sobre el funcionamiento de los adolescentes.

1. Necesitan más siestas. Es mito que los adolescentes necesiten dormir menos que los niños: precisan de 9 a 10 horas de sueño durante la noche, debido a la demanda por alimentar los ritmos circadianos encargados de segregar la hidrocortisona, hormona que distribuye la energía, cuando dormimos, para las demandas del día. Y debido a que los adolescentes se encuentran en constante actividad, más hidrocortisona es requerida para satisfacer su reserva energética.  

2. "Soy el centro del universo, y el universo no es suficiente". Los cambios hormonales en la pubertad tienen efectos grandes en el cerebro, que segrega la oxitócica, la ‘hormona del amor’ .Durante esta etapa se incrementa la sensibilidad con esta hormona, afectando el sistema límbico, que está ligado a la autoconciencia. Provocando en el adolescente la sensación de que todo y todos lo están observando. De ahí que se sientan víctimas todo el tiempo. 

3. Rabietas del "centro del universo". Los adolescentes están en proceso de adquirir increíbles y nuevas habilidades, en referencia al comportamiento social y pensamiento abstracto. Pero no son buenos usando estas habilidades, por lo que necesitan experimentación constante, muchas veces tomando a sus padres como conejillos de indias. Muchos jóvenes ven estos conflictos como una forma de expresión, por lo que se les puede dificultar entender perspectivas diferentes a las de ellos.

4. Literalmente, no escuchan los regaños: Una investigación de la Universidad de Harvard, reveló que al ser criticados por sus madres, los cerebros de los adolescentes registraban mayor actividad en áreas relacionadas con emociones negativas. Además observaron la reducción de la actividad en regiones involucradas con el control emocional y el tomar en cuenta los puntos de vista ajenos. Básicamente sus cerebros se 'apagaban' y parcialmente se rehusaban a escuchar el punto de vista de su progenitora. 

A pesar de todo esto, la adolescencia no debe ser motivo para desconfiar de las capacidades de nuestros hijos o para convertir nuestro hogar en una batalla campal. Que nadie te menosprecie por tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 1 Timoteo 4:12.

Foto: 123RF

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