Mucho se ha hablado y escrito sobre los siete pecados que podrían destruir un matrimonio. Pero… ¿son hechos graves? Lee lo siguiente para que puedas descubrir que aún es tiempo de evitar lo que no debe suceder.

José Ordóñez combina el humor y la divulgación del Evangelio con la restauración de matrimonios en sus espectáculos y predicaciones. El décimo récord de humor y la celebración de las bodas de plata con su esposa Yasmith, dejan ver que entre chiste y chanza el matrimonio no es un juego.

Los matrimonios se están disolviendo con cierta facilidad. Según la Superintendencia de Notariado y Registro, el aumento de divorcios en Colombia ha sido abrumador. Para 2013, la cifra llegó a 15 mil. Una de las razones más comunes, pero poco analizada, es la monotonía. 

La época navideña es sinónimo de unión familiar, de reunirse con los seres queridos y disfrutar una deliciosa cena servida en una gran mesa. Pero todo esto puede complicarse cuando la pareja tiene que decidir si celebra la Navidad con los padres o los suegros.

La procreación es uno de los mandatos más importantes dentro del matrimonio, pero ¿qué pasa con aquellas parejas que deliberadamente han decidido no tener hijos? ¿Son antibíblicos? ¿egoístas? o tal vez, ¿más felices? 

“Llevamos una relación estable desde hace ocho años, tenemos dos niñas y esperamos  la tercera. Llevábamos una vida feliz hasta que llegó el Iphone a casa y con él el Mac, Ipad y todas las redes sociales. Además del email y sms, llegaron Skype, Line, Viber, WhatsApp, Twitter, Facebook, Instagram… Mi pareja mantiene perfiles en todos ellos, además de su blog particular, me he visto obligada a ponerme al día para mantener una conversación con él, además sé que está tuiteando con una chica. Cuando no le responden a sus tuits se deprime.

Él quiere ser emprendedor. Está entrando en todas estas cosas de networking y asiste a todo tipo de reuniones a las que yo no puedo ir, y a él ni se le pasa por la imaginación que yo le pueda acompañar para compartir esa reunión. Esta exclusión es nueva para mí, cuando antes compartíamos todo, ahora me está destrozando. No tengo idea a dónde lleva todo esto, puedo afirmar que ya no confío, no espero nada de él. Todo esto es tema tabú, no se puede ha blar porque lo he intentado y alega que son su vida y sus cosas. Antes teníamos ideales en común, ahora él tiene su vida y yo supongo, tendré que buscar la mía. Claro, sola con las niñas, en la misma casa pero sola, o en otra casa.” Tomado de fundacionpunset.org.

¿Enredados?

“¿Qué tan importante es su matrimonio? ¿Es capaz de dejar de jugar Candy Crush para dedicarle tiempo a su pareja? ¿Es necesario que comparta absolutamente todo lo que le sucede en las redes sociales? ¿Por qué tiene que llevar el celular hasta cuándo va al baño? ¿Por qué su ex es su “amiga(o)” en Facebook?”.

Es probable que al igual que las personas que escribieron este testimonio o plantearon estas preguntas, la tecnología juega un papel cada vez más preponderante en su vida y en su matrimonio. De la forma como la utilice, la disciplina y las reglas que le ponga, y el dominio propio que tenga sobre ella, dependerá si la tecnología suma o resta en su diario vivir.

Dios, creador de tecnología

Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios. Proverbios 2:6

Hoy, tenemos una cantidad de aparatos tecnológicos que nos ha ayudado a simplificar la vida y aunque no lo crean, han sido fruto de la creatividad que Dios permitió tener al hombre, pues desde la creación Él dotó al hombre con inteligencia para hacer ciencia.

Algunas comparaciones

¿Resultará útil comparar la tecnología con el vino? El vino no es bueno ni malo, depende de cómo lo empleemos. Por un lado, puede ser usado para honrar y glorificar a Dios en una iglesia, o en una reunión familiar para hacer un brindis. Pero este mismo vino también puede conducir a borracheras, excesos, alcoholismo, riñas, todas ellas producto del exceso. También se podría comparar con el dinero que tampoco es ni bueno ni malo, pero debemos tener en cuenta que es mejor como esclavo que como amo.

El punto central está entonces en la forma como el corazón del hombre toma la decisión de manejar la tecnología. …Vivan como hijos de luz (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad) y comprueben lo que agrada al Señor. No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto... Efesios 5:8b-12.

Con el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación (TIC´s) las parejas pueden estar más conectadas entre ellas y con su familia, pero también se enfrentan a nuevos retos y a nuevas formas de tentación que las pueden llevar a su destrucción (ver página 26, edición 35. Revista Hechos&Crónicas). Ser conscientes de lo anterior, nos permitirá un uso sabio de estas herramientas.

Aspectos positivos de las TIC´s

- Facilita la comunicación a distancia.

- Puede ayudar a fortalecer la relación.

- Expresiones de afecto y cariño.

- Es posible compartir el evangelio.

- Brinda movilidad.

- Ayuda a ser más productivos y a dedicar más tiempo en el hogar.

Algunas recomendaciones

Hijo mío, si tu corazón es sabio, también mi corazón se regocijará. Proverbios 23:15.

- El uso de la tecnología necesita oración: Parta del principio que la ciencia y la tecnología son fruto de la sabiduría y la creatividad que Dios nos ha dado.

- Establezca tiempos: El Rey Salomón menciona que hay un tiempo para todo, en el caso de la tecnología ello cobra validez. Necesitamos poner límites.

- Mantener el reino privado: Que nadie se meta en su matrimonio, recuerde que es algo valioso y nada debe robar esa intimidad.

- Defina claramente qué se publica y qué no: Busque minimizar el impacto en la intimidad y privacidad de la pareja  y la familia.

- ¿Los conoce a todos?: No acepte a cualquier persona en sus redes sociales. Tenga claro quién es.

- Agrade a Dios: Que las ideas que exprese en las redes sociales agraden a Dios.

- Aproveche la tecnología: Disfrute con su pareja y familia para jugar o ver películas.

- Desconéctese: Evite sacar sus aparatos electrónicos mientras comen o comparten tiempo en pareja o familia.

Que un mensaje, un tuit o una llamada no acaben esos momentos valiosos e inolvidables. Cree reglas al respecto. El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias. Proverbios 27:12.

Foto: 123RF

S.O.S ¿Parejas en problemas?

19 Nov 2014
1447 veces

Durante el noviazgo casi todo es “color de rosa”. Al ver que las cosas funcionan, él y ella deciden casarse para compartirlo todo… pueden pasar días, meses y algunos años adaptándose mutuamente hasta que aparecen los conflictos. Hechos&Crónicas le cuenta cómo manejar las crisis sabiamente. 

Más allá de la intimidad

10 Oct 2014
1436 veces

Ventajas físicas, mentales y espirituales que se pueden percibir cuando una pareja se ama. Cuando una pareja se ama y se unen con la bendición de Dios para formar un matrimonio y, por ende, un hogar, el hombre y la mujer experimenten la alegría de la unión en un solo ser. Cuando una pareja se ama, son una sola carne, no solo física sino también emocional, intelectual y espiritualmente.

En 1 de Corintios 13: 4-7 se explica qué es el amor: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, por ello, cuando una pareja se ama, están experimentando a nivel físico, mental y espiritual la esencia de esta clase de amor.

El amor en la pareja genera una relación que contiene una carga emocional, con sentimientos como pasión, solidaridad, cariño, respeto, entre muchos otros. El sexo es parte de la expresión en una pareja que ayuda a la intimidad, a la cercanía, a la estabilidad emocional y ayuda a tener bienestar. El amor de la pareja en todos los sentidos, y el sexo en particular, generan ventajas como las siguientes:

Ventajas físicas:

• Aumenta los niveles de anticuerpos que son las defensas del organismo. Esto ocurre porque con el sexo, se incrementa la hormona dihidroepiandrosterona (DHEA), que favorece los mecanismos de defensa frente a enfermedades como el resfrío o la gripe.

• En el hombre ayuda a disminuir el riesgo de cáncer de próstata y en la mujer fortalece los músculos pélvicos, por lo tanto, ayuda al control de la orina.

• Es favorable para el corazón porque mejora la circulación por “la vasodilatación y la liberación de óxido nítrico a nivel de las paredes de las arterias”.

Ventajas mentales

• El sexo y el sentirse amado(a) es una cura perfecta para la depresión, pues libera endorfinas en el flujo sanguíneo. Estas proteínas crean un estado de euforia que provoca una gran sensación de bienestar.

• El sexo y sentirse amado (a) relaja y revitaliza. Al incrementar la producción de hormonas que mejoran el estado de ánimo, también es un buen remedio contra el estrés.

• El amor mejora la autoestima, es inevitable en el caso de las mujeres sentirse más bellas después de que su esposo les expresa amor, les da cariño, les dice palabras dulces o tienen relaciones sexuales.

La autoestima se incrementa a través de la capacidad de entregar al esposo o esposa placer y disfrutar esto.

Ventajas espirituales:

• Cuando una pareja se ama, se cumple el propósito de Dios sobre el ser humano, pues Él nunca quiso que el hombre estuviera solo. Génesis 1:27,28ª Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.

• Cuando una pareja se ama, recibe la bendición de los hijos. Génesis 1:28ª 28 y los bendijo con estas palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense”.

• Cuando una pareja se ama encuentra la unidad con Dios. Eclesiastés 4:9-12 Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse? Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente”.

¿Qué desventajas físicas, mentales y espirituales se pueden percibir cuando una pareja NO se ama?

Existe división, discordia, separación de Dios y las consecuencias son contrarias a las ventajas que se acaban de describir:

Desventajas físicas:

• Dolores frecuentes en el cuerpo.

• Mayor riesgo de ataque cardiaco y muerte súbita, sobre todo en mujeres, según estudio de la Universidad de Tufts, Estados Unidos.

• La falta de amor físico y emocional pueden afectar el sueño, haciendo más propensas a las personas al insomnio y a descansar mal con la consecuente fatiga y “falta de energía” para las labores diarias.

Desventajas mentales:

• Mayores niveles de estrés y depresión.

• Baja autoestima, pues hombre y mujer se sienten solos, tristes, rechazados, es decir, no amados, no reconocidos.

• Mayor irritabilidad pues el dolor, la amargura y la tristeza se expresan con enojo y discordias.

Desventajas espirituales:

• Desobediencia, ya que la mayoría de las parejas que no se aman no cumplen con estos mandatos del Señor:

- Colosenses 3:19 Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas.

- Efesios 5:22-23 Esposas sométanse a sus propios esposos como al Señor, porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia.

• No hay unidad: Filipenses 2:2 “Llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento”.

• Tentación a pecar: 1 Corintios 7:5 No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y sólo por un tiempo, para dedicarse a la oración. No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en tentación de Satanás, por falta de dominio propio.

¿Se acabó el amor? 5 consejos para las parejas

Oración diaria: individual y en pareja (Esto es fundamental).

Mejorar comunicación: (Aprender a escuchar y comprender al otro).

Perdón permanente: Efesios 4:26 “Si se enojan, no pequen.” No dejen que el sol se ponga estando aún enojados.

Retomar los roles como lo plantea la Palabra: (Hombres cabeza que aman a sus esposas y mujeres ayuda idónea que se sujetan a sus esposos).

Recordar que el amor es una decisión y que el amor que Dios nos pide es el de 1 Corintios 13: 4 “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

¿Cuáles son las cinco razones más comunes por las cuáles las parejas pierden su amor el uno por el otro?

• Invertir el orden de Dios en la pareja (Dios no ocupa el primer lugar en la relación, ni él /la cónyuge el segundo lugar).

• Maltratos por el no reconocimiento mutuo.

• La rutina.

• Alguno o los dos miembros se vuelven laboradictos.

• Falta de sujeción de la mujer y falta de amor del hombre.

Por: Luis Alberto Pardo Cubillos y Sandra Ruíz Ceballos.

El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se fundirán en un solo ser. Génesis 2:24.Esto significa que desde el principio de los principios, como comenta la Biblia de Estudios de Vida Plena (NVI), Dios ordenó el matrimonio y la unidad familiar como la primera y más importante institución en la tierra. 

“Capturan a hombre que habría abusado de niña de 4 años en Bogotá”; “48.915 menores, víctimas de violencia sexual en la guerra”; “Así cayó el médico que abusó de diez niños en España y Boyacá”; “Capturan a niñera por presunto abuso sexual contra niño de dos años” y “Colegios han reportado más de 65 casos de abuso sexual” entre otros, son los titulares que atestan los diarios de nuestro país semana tras semana, mes tras mes, año tras año. Y no pasa nada. En muy pocos casos se hace justicia pero, tristemente, en la mayoría de ellos todo se queda como un secreto guardado en silencio por la víctima que sufre de manera solitaria la agonía del recuerdo y del dolor, así como las consecuencias que estas experiencias traumáticas traen a su vida.

La psicóloga María Clemente Samos define muy bien, con satisfactorio detalle, lo que se entiende por abuso sexual: “actitudes y comportamientos que realiza una persona sobre otra, sin su consentimiento o conocimiento y para su propia satisfacción sexual. Va desde la amenaza al engaño, la seducción y confusión. Podemos hablar de abuso siempre que el otro no quiera o sea engañado, (incluso dentro de la pareja). Es un acto que pretende dominar, poseer, cosificar a la persona a través de la sexualidad. Unas veces el agresor actúa desde la violencia explícita hacia la víctima, que se siente impotente, desprotegida, humillada. Otras veces, se vale de la confianza en él depositada para, desde la cercanía de una relación afectiva, romper los límites de la intimidad e introducir elementos eróticos, (sobre todo en niñas y preadolescentes). Establece una relación confusa, irrumpiendo no sólo en su sexualidad, sino en el conjunto de su mundo afectivo y vivencial. En estos casos, el abuso no es sólo sexual sino que también se da un abuso de confianza”.

Y para que no queden dudas al respecto, procede también a: “aclarar que el abuso sexual no es sólo penetración o agresión física. Abarca desde el contacto físico, (tocamientos, masturbación, sexo oral…), hasta la ausencia de contacto (exhibicionismo, erotización con relatos de historias sexuales, vídeos, películas, fotografías…). Puede darse prolongado en el tiempo, o como hechos aislados y puntuales. Puede suceder en el seno de una familia, de una institución, o con un vecino-profesor-orientador médico; en el lugar de trabajo… Esto es, no hay un ámbito específico”. Una vez delimitado de este modo, podemos ocuparnos de esta problemática con un mayor conocimiento de causa.

El abuso sexual es una realidad

El abuso sexual es un fenómeno que han soportado los niños y niñas a través de los tiempos en todas las culturas, no importa la clase social ni el nivel de educación de sus víctimas o victimarios. Frecuentemente se niega o se subvalora bajo la creencia de que esto no puede pasar en nuestras familias “enterrando la cabeza en la tierra”, como se cree que lo hace el avestruz, dando lugar a esta imagen que ilustra la actitud por la cual no queremos ver los problemas que tenemos ante nuestros propios ojos de manera evidente.

Ya quisiéramos que esto no sucediera, pero la realidad es que ocurre más a menudo de lo que nos podemos imaginar, al punto que muchas familias pueden estar “durmiendo con el enemigo”, debido a que nos cuesta trabajo creer que los miembros de nuestra propia familia puedan ser los agresores: abuelos, padres, padrastros, tíos, hermanos, primos, personal que trabaja en nuestra casa; en fin, cualquier persona de nuestro entorno inmediato puede estar acechando a nuestros hijos e hijas. Incluso aquellos que cuidan de ellos, llámense nanas, empleadas, o maestro(a), sin mencionar a los vecinos o amigos de la casa. Sí, en cualquier parte puede estar esa persona que puede dañar la vida de nuestros hijos, a veces de manera irreversible.

Teniendo en cuenta que cualquier persona en el momento menos pensado le puede robar la felicidad a nuestros niños, no podemos ser tan despreocupados y laxos cuando tenemos que dejarlos solos y a merced de otras personas, familiares incluso, sin guardar las precauciones del caso en pro de su seguridad. Es cierto que, en el caso de los padres abusadores, a veces no parece haber precaución que valga. Sin embargo, dejando de lado estos casos más aberrantes y extremos, nuestra responsabilidad como padres –y en especial como madres– es estar con ellos siempre que podamos, algo que se ha vuelto cada vez más difícil en estos tiempos en que las madres trabajan a tiempo completo, a veces por la necesidad legítima de elevar los recursos económicos del hogar, pero en muchos casos sin que haya una necesidad clara para ello que justifique el dejar sistemáticamente a los hijos en manos de terceros, muchas veces en casas ajenas. Aun en el caso de personas de nuestra entera confianza como nuestras madres–abuelas de nuestros hijos– pues también un descuido por parte de ellas con, por ejemplo, un visitante regular o esporádico de la casa, puede cambiar el curso de la vida de cualquier niño.

Existen casos verídicos de abuso sexual en situaciones tan inocentes en apariencia como, por ejemplo, un viaje largo en autobús en el que la ingenua madre acepta que otro pasajero que va sentado lleve a su hija sobre sus piernas sin sospechar siquiera que éste aproveche la situación para abusar de ella sin que la cándida madre se entere nunca, pues la confundida y avergonzada niña prefiere callar y sobrellevar sola este escabroso suceso en su corazón. Son también cada vez más frecuentes los casos de abuso entre adolescentes como el de los paseos de excursión en los que un compañero de curso le ofrece a una condiscípula conocida un coctel, quien despierta luego en una cama desnuda con él, sin saber a ciencia cierta lo que pasó.

Vigilantes pero no paranoicos

No se trata, por cierto, de volvernos paranoicos, pues casos inverosímiles pero reales y documentados, como el de un padre que fuerza sexualmente a su propia hija y llega a tener descendencia con ella o los de niñas que, debido a la pobreza, el hacinamiento y a los equivocados condicionamientos culturales de los varones en una sociedad patológicamente machista, son víctimas de abuso permanente por cuenta de su progenitor y sus propios hermanos, son casos excepcionales que requieren un tratamiento más que punitivo, preventivo y de fondo, mediante la modificación de la misma infraestructura económica y moral de una Nación que, con su ordenamiento social, hace posible o propicia de algún modo estas situaciones. Y en esto hay que decir que el poder transformador del evangelio en el individuo y la familia es una influencia difícil de igualar mediante otras instancias, sin perjuicio de la utilidad que éstas también puedan tener.

Pero si se trata de que los padres o mentores de los pequeños tomen un satisfactorio número de medidas preventivas que nos permitan evitar los casos más típicos y, sobre todo y siempre que sea necesario, las medidas curativas que el evangelio provee para dejar atrás este tipo de traumáticas experiencias que pueden condicionar y limitar el desempeño adecuado de la víctima en muchos frentes de la vida cotidiana. De este modo, gracias a la restauración que Cristo lleva a cabo bajo la guía de un consejero capacitado y digno de confianza, la persona podrá referirse a estos episodios como historia pasada que ya no generen dolor ni afecten su presente, impidiéndole proyectarse con esperanza hacia el futuro. Y en esto último, la iniciativa de la víctima es fundamental, pues solo ella puede solicitar la ayuda requerida en el marco de su fe en Cristo.

Por: Deisy Guzmán de Rojas, periodista de la Universidad de La Sabana.

Colombia es conocida en el continente por registrar los más altos índices de madres solteras o cabeza de hogar y las cifras más elevadas de hijos nacidos fuera del matrimonio. La descomposición familiar parece un problema en aumento y, para colmo, cada vez se celebran menos matrimonios y más divorcios. ¿Qué pasa? Hechos&Crónicas investigó al respecto.

Las cifras alarman. Según informó la Superintendencia de Notariado y Registro, el aumento de divorcios en Colombia durante 2012 fue abrumador.

Mientras en 2009 las parejas divorciadas no superaron las 13 mil, en 2012 la cifra pasó las 18 mil. Y si bien la cifra se redujo levemente en 2013 e inicios de 2014, lo más grave es que también se redujo el número de matrimonios en casi un 6% con respecto a años anteriores.

Estado civil: Unión libre

Según el Mapa Mundial de la Familia 2013, un estudio realizado por siete instituciones internacionales que recoge información de más de 45 países, en Latinoamérica los colombianos, sobresalen como las personas que más se van a convivir en unión libre, con un 39%. De hecho, la investigación reveló que solo 19% de parejas colombianas en edad adulta, entre 19 y 45 años, ha contraído matrimonio civil o por la iglesia en los dos años recientes. Esta cifra es la más baja en toda América, continente que tiene índices de nupcialidad de aproximadamente 50%.

El Mapa Mundial de la Familia contó con la participación de la Universidad de La Sabana en Colombia, la Universidad Nacional de Seúl, la Universidad de Los Andes en Chile, la Universidad de Asia y el Pacifico en Filipinas, la Universidad de Piura en Perú, el Instituto de Matrimonio y Familia de Canadá y el Instituto de la Juventud de Holanda, y reveló grandes cambios demográficos, estructurales y culturales de las familias actualmente en el mundo.

Lo preocupante del tema es que las parejas cada vez tienen menos fe en el matrimonio. Incluso, el divorcio se ha convertido en un medidor de la economía. Según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud de Estados Unidos (NCHS, por sus siglas en inglés) “las parejas en este país optan por separarse a medida que mejoran las perspectivas económicas, porque al tener nuevas alternativas financieras, no necesitan seguir atados a un mal matrimonio”.

El caso de Camila y Juan David

Camila es una mujer de 29 años. Estudió administración de empresas y todos los días reparte su tiempo entre el trabajo y el hogar. Hace nueve años convive con Juan David, quien, además, es el padre de su única hija, Sofía.

Su historia de amor fue como de película. Él llegó para rescatarla de una mala relación. Se enamoraron, se hicieron no-vios y pasaron por un verdadero idilio. Todo era perfecto. Sin embargo, su historia no terminó como las del séptimo arte, con un emotivo matrimonio. En cambio, Camila se dio cuenta que estaba embarazada y las cosas cambiaron.

Juan David habló con sus padres y la sacó de su casa. ¿Para qué matrimonio si estaba embarazada? ¿Cómo iban a presentarse en una iglesia en esa situación? Además, ¿qué mayor compromiso que un hijo? Estas fueron algunas de sus conversaciones y se convencieron de que más adelante, cuando su hija naciera, podrían formalizar la relación.

Con el pasar del tiempo, el matrimonio pasó a un segundo plano. La prioridad fue buscar un techo propio, sus pertenencias, la educación de la niña y miles de cosas que aparecieron por el camino. Hoy Camila y Juan David completan nueve años rellenando la casilla de “unión libre” en todos sus documentos. Y la verdad, no parecen tener intenciones de cambiar las cosas. Realmente creen que están perfectamente bien organizados, pero su familia tiene los cimientos puestos en la arena y como está sin Dios, puede derrumbarse en cualquier momento.

¿Qué pasa?

Para el pastor Mario Santa, autor del libro ¡Acepto! Hasta que la muerte nos separe, la razón de que parejas como Camila y Juan David no se casen es muy sencilla. “Se ha sacado a Dios del matrimonio. Lo triste es que las parejas que se «unen» bajo esta fi gura, desean que Dios los respalde. ¡Qué ironía! No lo invitan al matrimonio, pero sí desean su favor”, afirma.

El tema del matrimonio va mucho más allá y comienza con el sexo prematrimonial. Las parejas respetan cada vez menos el mandato de guardarse exclusivamente para sus cónyuges, creyendo que nada va a pasar. De esta manera, el compromiso se va rompiendo lentamente.

Luego, le restan importancia al mandato divino y simplemente anteponen intereses personales. “Las parejas están mal. Evitan el matrimonio porque no hay compromiso. Se van a vivir juntos con la consideración de que si les va mal, se separan y simplemente cada uno se va para su casa. Parecería que es más importante evitar futuros trámites engorrosos por el posible divorcio que la bendición de Dios y el luchar por la relación de pareja. Qué tristeza; antes de unirse, la separación ya es una opción” concluye el pastor Santa.

No basta que la unión esté aceptada civilmente. Hoy, Colombia contempla la unión libre como un estado civil y está permitido heredar bienes materiales o servicios médicos y pensionales de la pareja aunque no esté registrada oficialmente como tal. Sin embargo, para Dios no es sufi ciente. El pastor Arturo Rojas, director del Instituto Bíblico Integral de Casa Sobre la Roca, y escritor de varios libros asegura que “si bien el matrimonio está reglamentado por las leyes civiles, no puede olvidarse que en principio es una institución divina, como se reconoce en todas las culturas en las que se sigue acudiendo en masa a capillas, catedrales, sinagogas, mezquitas o pagodas indistintamente para que lo bendigan”.

Cuestión de obediencia

“El matrimonio es un mandato y es una unión milagrosa; dos se convierten en uno y eso solo es posible con la intervención del Espíritu Santo”, asegura Mario Santa, quien además, junto a su esposa Cristina, ejerce la función de consejería de parejas.

Muchas personas pueden decidir no casarse por pereza, por comodidad, por ahorrarse los gastos de la fi esta o por falta de fe; pero realmente, el matrimonio es un asunto de obediencia, es la llave de la bendición para el nuevo hogar porque Dios bendice al obediente. Si obedeces al Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te acompañarán siempre. Deuteronomio 28:2.

El caso de Isabel y Henry

Henry tiene 35 años, es un profesional exitoso, padre amoroso y esposo inmejorable. Así lo describe su esposa, Isabel, con quien lleva casi 10 años de feliz matrimonio. Se conocieron muchos años atrás y se hicieron novios. A pesar de ser muy jóvenes, no dudaron un instante en que lo que querían era la bendición de Dios para conformar un nuevo hogar.

Así lo afirma Henry: “no podemos asegurar que todo va a funcionar perfectamente. Hay altibajos económicos y emocionales, pero tenemos la certeza de que nuestro matrimonio fue bendecido para toda la vida y a pesar de las circunstancias, hemos luchado y lo seguiremos haciendo para que así sea, porque contamos con el respaldo de Dios”.

¿Por qué no se casan?

Para el pastor Jaime Gómez Velo, director de parejas de Casa Sobre la Roca, hay varios motivos: “las parejas están siendo engañadas bajo la recomendación de no casarse, e irse a vivir juntos, mostrando el matrimonio como algo aburrido, como una atadura. Además, se muestran las relaciones sexuales durante el noviazgo como algo natural, cuando esta es una de las principales causas de divorcio.

Los divorcios se dan por un mal comienzo, porque las parejas no dan un orden a los procesos de la relación, se ponen a probar si les va a ir y antes de formalizar una unión, ya están pensando en que esta va a fracasar.

El mensaje es que arreglen lo más pronto posible la situación, porque quienes conviven en unión libre según la Biblia, y hay que decirlo aunque suene fuerte, están en pecado. Las uniones libres no llevan a ninguna parte. No son aceptadas ni aprobadas por Dios porque no hay un compromiso real ni con el Estado ni con Él.

Recuerda con frecuencia sus fracasos anteriores para no volver a repetirlos.

El libro es agradable de leer porque cualquiera que lo haga se verá reflejado como si un espejo le estuviera hablando. ¿Cuántas veces por día nos equivocamos?, por ejemplo, en la toma de decisiones gerenciales, el análisis presupuestal del hogar con su esposa, un viaje al que le tiene pereza, pero viaja y le sale mal, pero usted no arregla nada cuando se dice así mismo: otra vez me equivoqué.

Tanto éste como su anterior libro, el pastor Mario Andrés Santa, ¡Acepto! Hasta Que La Muerte Nos Separe (que agotó tirajes) llevan títulos llamativos, de esos que a los libreros les encanta privilegiar en su ubicación en las librerías porque, además de portada o carátula, están vendiendo el contenido.

Mario Andrés Santa es ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, teólogo de la facultad de Estudios Teológicos y Pastorales de la Iglesia Anglicana y tiene una maestría en Divinidades Estudios Teológicos en Laud Hall Seminary (Miami, EE. UU.) y actualmente es el pastor de la iglesia Casa Sobre la Roca en Bogotá.

¿ A quiénes va dirigido este libro?

A quienes se cansen y a los que no, de equivocarse. A un jefe que tuvo mi esposa le encantaba decir que, al pensar para atrás, uno deduce que es más fácil ser historiador que profeta porque nuestra vida depende de las decisiones que tomemos hoy con relación al mañana; nuestra vida depende de las decisiones correctas o equivocadas.

Santa aclara que se trata de un libro para que cada lector gane en sabiduría, un libro lleno de consejos para el acertado manejo del tiempo porque tiempo que se fue, no volverá, para el correcto manejo del dinero porque dinero perdido es dinero perdido, para esas decisiones que no disfrutamos pues no fueron acertadas, hay cosas pequeñas que nos derrumban, es decir, hay un manejo general de la toma de decisiones para equivocarse lo menos posible, no lo más, porque cualquiera, por más sabio que sea en su vida, se puede equivocar y las equivocaciones las podemos cometer pero jamás repetir.

¿Usted, que también es consejero de parejas, porqué cree que se equivocan tanto?

Porque no saben manejar los conflictos luego no manejan bien las decisiones. Por ejemplo, no aplican el papel que cada uno debe desarrollar y manejar en el hogar. Hay parejas donde uno de los dos cree que debe mandar en los asuntos de ambos, y eso no es así pues cada quien debe aplicar los roles que le corresponden, cada uno debe dejar el egoísmo o egocentrismo para decir por sí mismo y por la otra persona porque no puede invadir el papel del otro u otra desarrollando el suyo también.

Un libro cargado de consejos

Según el pastor Santa, al leer su libro se busca aclarar qué quiere lograr cada quien en su vida, que sea una vida llena de acierto y no de frustraciones, es un libro lleno de consejos para la vida práctica, saber tomas las decisiones sin volverse perfecto pero sí que nos equivoquemos menos.

Uno no debe decir que apenas cuando conoce a una pareja, fue amor a primera vista pues ese decir podría convertirse en una emoción momentánea que no proviene de Dios sino de los sentimientos del momento. El amor se siembra, se cultiva y se cuida, y luego sí germina. Pero no brota en cuestión de horas.

Cada ser humano —dice Santa— debería recordar con frecuencia sus fracasos anteriores para no repetirlos. Ahí está, en parte, el éxito de la vida, no repetir los malos o deficientes procederes y acudir a los que fueron exitosos.

Hijos sin padres

24 Jun 2014
1258 veces

Una respuesta cristiana al auge de los papás ausentes. En la evolución del siglo XXI, ¿para qué sirven los hombres?

Cuando era niña, el Día del Padre subrayaba los otros 364 días del año con un permanente recordatorio pues el día de celebrar no hubo padre para celebrar. Se había ido. Esa simple pero crítica relación con el género masculino no solo terminó que me sintiera sola sino que impactó mi comprensión del mundo y mi lugar en él.

Después de reflexionar sobre cómo la ausencia de mi padre me impactó antes como niña y ahora como mujer, esposa y madre, procesos que narro en mi libro de memorias “The Artist’s Daughter” (La hija del artista), muchas personas han compartido conmigo historias similares sobre el abandono paterno. Nuestras historias confirman lo que dicen las estadísticas: que el vínculo de padre a hijo es esencial. Ya sea que nuestros padres fueran buenos o no, o que no existieran en absoluto, esta relación da forma a nuestra comprensión sobre nuestras propias identidades.

Vivimos en un país donde muchos hemos roto relaciones con papá. En Estados Unidos, uno de cada tres niños viven separados de sus padres biológicos. Un artículo reciente del Washington Post abordó el dilema de papá con el llamativo título “The New F-Word-Father” (La nueva palabra, Padre). En ella, Kathleen Parker formula una pregunta mientras analizamos las recientes estadísticas sobre madres cabeza de familia en Estados Unidos: en la evolución de la economía del siglo 21 ¿para qué sirven los hombres?

Parker llega a la conclusión: Las mujeres se han vuelto más autosuficientes (algo bueno) y si tenemos en cuenta que aún hacen la mayor parte del trabajo doméstico y de crianza de los hijos, ¿para qué, realmente, se debería invitar a un hombre a todo este organizado desorden? Porque, sencillamente, los niños necesitan un padre... En lo profundo de la médula de cada pequeño, como un leve murmullo, surgen preguntas más profundas que las debatidas en las charlas de café: ¿Quién es mi papá? Y lamentablemente en estos días, ¿dónde está?

Mientras las madres solteras pueden tener suficiente trabajo, el amor y el adecuado conocimiento para criarnos, la ausencia de papá seguirá teniendo su efecto. Estudio tras estudio muestra que los niños con padres ausentes tienen más probabilidades de sufrir en algún grado de necesidades materiales, o el abandono de la escuela secundaria, o fracasar en su matrimonio e, inclusive, ser encarcelados, que aquellos cuyos padres desempeñan su función como tales en sus vidas. Los datos confirman la gran importancia que un padre tiene para el bienestar y desarrollo físico y emocional del niño. La paternidad, resulta, en una cuestión de justicia social.

Aquí es cuando cualquier iglesia a menudo hace terminar el debate por sus planteamientos sociales, teológicos y filosóficos. Lamentamos el cambio en la estructura familiar y expresamos indignación por las recientes estadísticas. Incluimos a los padres ausentes en las guerras culturales, envolviéndolos con el cambio sobre las definiciones de matrimonio y familia. A medida que predicamos y debatimos sobre las celebraciones, las de los días del padre transcurren como siempre y millones de niños siguen sin disfrutar de esa sencilla relación con el género masculino, que con su influencia continúa dará forma a su identidad a lo largo de sus vidas.

Si tomamos las palabras del apóstol Santiago en serio y vemos la verdadera religión como el cuidado de los huérfanos y las viudas (Santiago 1:27), tenemos que valorar y reafirmar la paternidad y así prevenir que haya huérfanos sin ser huérfanos.

¿Cómo en la práctica apoyamos la idea de que los niños mantengan relaciones con sus padres, si la responsabilidad final recae en el propio padre? Podemos -sin estridencias- apoyar a los padres que conocemos, incluidos los que viven con sus hijos y los que no lo hacen. Como cristianos, podemos ofrecer a los papás la posibilidad de relacionarse con sus hijos. Eso no significa planear otro carnaval en la iglesia o un baile de padre e hija con motivo de los 15 de ella, aunque esos sean eventos familiares agradables.

En lugar de ello, como familias y comunidades cristianas, debemos ayudar a fomentar las relaciones excelentes entre padres e hijos. Aunque las relaciones pueden deteriorarse en cualquier momento, si el vínculo temprano entre padre e hijo se cultiva, el beneficio mayor es para el niño.

Podemos invitar a un padre y a sus hijos a nuestras vidas, a las cosas que ya estamos haciendo, para que puedan experimentar la vida unidos. Apoyamos a los padres cuando los invitamos a cenar en nuestra casa con su familia y la nuestra, los invitamos a acampar con nosotros o ir a un partido de tenis familiar, digamos amistosamente, la familia X vs. la familia Z. Poner a bailar a un padre con su hija quinceañera es más fácil, porque al final de la noche se acaba la fiesta mientras que las relaciones orgánicas son abiertas. Este método, que contempla las dos partes, es el que concede tanto al padre como al hijo la oportunidad de estar juntos.

Apoyamos la relación de mamá y papá a pesar de los cambios culturales de todo matrimonio. Muchas parejas optan por tener hijos antes de decidir si quieren casarse  y, en efecto, cifras recientes muestran que 48% de todos los primeros nacimientos provienen de madres solteras. Mientras que muchos padres solteros o casados de nuevo permanecen comprometidos con sus hijos a pesar de no estar en una relación con su madre, ese arreglo se hace más difícil y más complicado. En pocas palabras, es más probable que un padre participe en la vida de un niño si él y la madre del niño están juntos.

Así que como cristianos preocupados por el éxito de la paternidad debemos reafirmar la importancia de la relación entre papá y mamá, incluso si no están casados. Este es un territorio incómodo para algunos de nosotros por apoyar relaciones que pueden parecer incómodas o no agradables. Podemos apoyar a estas parejas para que no se sientan aisladas. Cuando nos ofrecemos a cuidar a los niños para que nuestros amigos vayan a consejería o salgan a cenar, estamos ayudando a construir relaciones más saludables tanto entre los padres como entre padres e hijos. Cuando oramos con y para las parejas que luchan por reafirmar sus vidas, cuando abiertamente hablamos de nuestras propias luchas del matrimonio que estamos modelando, mostramos que también vivimos dificultades y a la vez apoyamos a los padres que están presentes.

Debemos reconocer que no todo padre es una persona de confianza, y una relación puede ser cortada en el niño de acuerdo a los intereses de la madre. En los casos en que es posible la conexión y la reconciliación, podemos extender nuestro apoyo.

Hagamos todo vestidos de amor

Nuestro objetivo no es pelear en un enfrentamiento cultural, sino amar a Dios con todo nuestro corazón y amar a los demás como queremos ser amados. Nuestro objetivo es cuidar a los huérfanos y a las viudas, acoger amorosamente a las familias reflejando el amor de nuestro Padre Divino. Para ello, como cristianos debemos actuar vestidos con amor para padres y niños. Apoyar la paternidad no requiere un proyecto o campaña política sino algo mucho más significativo: las relaciones reales con la gente que está en medio de nosotros.

Debemos reconocer y vivir agradecidos por los padres responsables y afectuosos que conocemos. Debemos ser pacientes y serviciales con los hombres que trabajan para ser mejores padres. Debemos alentar el reencuentro y la reconciliación de los padres que viven lejos de sus hijos o que con el tiempo se han distanciado de ellos. Dios se refiere a sí mismo como “Padre” a propósito. El título representa la confianza, la provisión y la seguridad. Vamos a ayudar a los demás a que se muevan más conforme a la representación sagrada, sabiendo que siempre estaremos tropezando y siempre fallando, pero ésta es una relación crítica que vale la pena cultivar.

Por: Alexandra Kuykendall de Christianity Today. Traducido por: Carolina Zamora.

Sobre el autor: Alexandra Kuykendall es mamá, líder y editor de contenido en MOPS Internacional (Madres de niños en Edad Preescolar)  un ministerio para las madres de niños de corta edad. El libro de sus memorias, “La hija del artista” explora su propio camino de desarrollo de la identidad y el significado de la infancia en el matrimonio y la maternidad. Contáctela en AlexandraKuykendall.com.

 

 

Cuando papá se queda en casa

07 Jun 2014
1021 veces

“Encargarse de los hijos y las labores del hogar no es tarea fácil”. Esta ha sido una frase común entre las mujeres a través de los años; sin embargo, hay una creciente tendencia de papás que deciden quedarse en casa mientras sus esposas trabajan.

En este año, el día del padre llega con más fuerza. Cada vez son más los hombres que se dedican a educar a sus hijos, que comprenden la importancia del trabajo en equipo en la crianza de los pequeños, que cambian pañales, los llevan a sus clases y fiestas infantiles, les preparan la comida y los empijaman para dormir. Esto, sin duda, es un descanso y una ayuda para las madres, además de una excelente muestra de amor para los hijos. Sin embargo, ahora hay muchos padres que van más allá.

Un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Pew reveló que cada vez son más las madres casadas que ganan más que sus esposos: cerca del 23%, en comparación con el 4% que se registró en 1960. Cifra que representa a casi una de cada cuatro familias. Esto ha llevado a que cada día sean más los hombres que se quedan en casa mientras sus esposas trabajan.

El caso de Mariana y Jorge

Ella estudió administración de empresas y Jorge es psicólogo, además de pintor vocacional. Hace poco más de un año, él perdió su empleo como selector de personal en una multinacional y Mariana, que trabaja en un banco, se encargó de todos los gastos de casa.

“Al principio no quería hacer nada. Solo se quedaba viendo televisión hasta que los niños llegaban del colegio. Yo tenía que llegar en las noches a lavar la ropa, ordenar, hacer comida y levantarme temprano para dejar listo el almuerzo. Siempre lo había hecho, pero era insoportable que Jorge no me ayudara si tenía más tiempo que yo”, cuenta Mariana.

Con el paso del tiempo, Jorge comenzó a apersonarse de las labores del hogar. Frecuentemente sorprendía a su esposa con una tarea ya hecha, con un delicioso  almuerzo y un apartamento ordenado.

“Ahí empezaron los problemas. Comenzó a portarse posesivo y quería que yo saliera temprano del trabajo todos los días para ayudarle con todo”. Lo que ocurría con Jorge, es lo mismo que Randi Minetor en su libro Breadwinner Wives and the Men They Marry (Mujeres proveedoras y sus esposos), describe como autoestima afectada. “Muchos hombres desempleados o que ganan menos se sienten heridos por considerarlo un descenso en su estatus”, afirma.

Es por esto que Jorge no se sintió cómodo quedándose en casa todo el tiempo. “Fue una fase. Primero quise ayudar a mi esposa, pero entendí que debía trabajar para sentirme completo”, asegura. Hoy Jorge tiene un consultorio desde su casa, en el que recibe los prospectos de empleados de varias empresas, pero en su propio horario. Tiene tiempo de sobra para recibir a sus pequeños de 7 y 10 años, pintar sus cuadros y ayudar a su esposa con las labores, pero sin dejar de trabajar. Los ingresos no son un problema porque han aprendido a hablarlo y compartirlo todo.

En un estudio reciente que la Escuela de Negocios Olin de la Universidad de Washington, realizado entre 200 mil hombres, publicado en el Personality and Social Psychology Bulletin, se expuso que aquellos hombres cuyas esposas son las principales proveedoras tienen un 10% de probabilidad de requerir medicamentos para problemas como insomnio, ansiedad y disfunción eréctil.

Las investigaciones en Cornell, presentadas en la reunión anual de la Asociación Sociológica de Estados Unidos, determinaron que los hombres que ganan mucho menos dinero que sus parejas son cinco veces más propensos a ser infieles que los que tienen una relación con ingresos similares. Con frecuencia no es el hecho de que su esposa tenga mejores ingresos, sino que pase menos tiempo en casa o descuide otros factores de la relación, creyendo tener ciertos privilegios por aportar más dinero.

El diseño original

En Génesis 2:15, Dios entrega al hombre la orden de trabajar cultivando el jardín del Edén. Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y en 1 Corintios 11:3, le aclaró la misión de ser cabeza de su hogar. Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo.

Todas las familias son diferentes. Los cambios culturales, ocurridos en décadas recientes, han transformado las dinámicas y los roles de pareja. Sin embargo, hay que tener claridad en los roles de cada uno. Dios establece los deberes conyugales en 1 Pedro 3:1-7. Las esposas deben someterse a que sus esposos sean la cabeza y jamás competir con ellos. Esto no es algo anticuado, es el orden natural de la familia otorgado por el Creador.

Una familia que esté pasando por la situación de Mariana y Jorge, debe organizar sus prioridades. El trabajo de la esposa debe ser una ayuda para su cónyuge, nunca motivo de humillación. El orden natural de las cosas lo reestablece Dios cuando se le entrega el control del hogar. Los papás deben recordar que deben mantener un equilibrio para todo y que su papel de proveedores no se limita al área económica, sino que están encargados de ser la cabeza espiritual, es decir, de que su familia tenga una relación adecuada con Dios. Además, es su responsabilidad brindar amor y cuidado para todos los miembros del hogar. Hay que ser muy obediente para saber ser un buen padre y proveedor.

¡Hechos&Crónicas desea a todos un feliz mes del padre!

Cuando nos detenemos a considerar con honestidad y de forma desprejuiciada el universo, nuestro planeta, la naturaleza y al ser humano; no cabe duda que Dios concibió desde el principio, desde la eternidad, un diseño perfecto, un propósito evidente para toda su creación. Propósito desarrollado paso a paso, de forma metódica, muy bien descrito y sintetizado en el capítulo primero del libro de Génesis. Deleitándose en su labor creadora, como corresponde al Artista divino, de tal modo que el resultado no fue solo muy bueno (Génesis 1:31), sino también hermoso (Eclesiastés 3:11).

Es innegable que el hombre, como corona de su creación, ha sido el ser más afortunado de todos, pues fue creado con la capacidad de disfrutar de un compañerismo consciente con Dios mismo en una relación personal estrecha y cercana, como resultado de poseer su imagen y semejanza, según lo leemos en Génesis 1:27: Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.

Lamentablemente, este propósito fue en gran medida malogrado por el hombre mismo al desobedecer y sucumbir a la tentación, como resultado de lo cual hemos sufrido desde entonces las consecuencias del pecado, entre las que sobresale la separación de Dios que estropeó el disfrute de nuestra comunión con Él. Separación que no tarda en manifestarse también en los conflictos en las relaciones con los demás, en vidas sin sentido, en pensamientos de derrota e insatisfacciones permanentes en nuestra vida diaria en nuestros hogares, en el trabajo y en muchos otros frentes que hacen que la lista sea muy extensa, siendo éste el denominador común de todo ser humano.

El diseño de Dios para hoy

El evangelio restaura en los creyentes el propósito para el cual fuimos diseñados mediante lo hecho por Cristo a nuestro favor: Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a Él ya hemos recibido la reconciliación. Romanos 5:11. Él en su infinita misericordia nos reconcilia y nos adopta como hijos suyos, nos justifica y nos brinda la salvación. Es aquí donde cobra de nuevo vigencia en nuestras vidas la voluntad o el propósito inicial de Dios para el ser humano, bueno, agradable y perfecto, conforme al diseño original.

Propósito que constituye la respuesta a todos nuestros interrogantes, la llenura de todos nuestros vacíos, la suplencia a todas nuestras carencias e insuficiencias que nos introduce en la vida abundante que Él planeó para nosotros y que, a causa del distanciamiento que el pecado ocasionó, se vio drásticamente frustrada. El evangelio renueva, entonces, nuestra esperanza y nuestra confianza en que las cosas pueden cambiar. En que un buen ejercicio de la libertad es posible y que aún podemos alcanzar en esta vida prosperidad, alegría y plenitud, en el mejor sentido de estos términos. Veamos con algo de detalle cómo se concreta esto en la actualidad en algunos de los más significativos aspectos de nuestra agenda vital.

Diseñados para disfrutar ser uno con Dios

Aunque pueda sonar un poco pretencioso, lo cierto es que los creyentes en el Señor Jesucristo obtenemos facultades y privilegios exclusivos reservados únicamente para los hijos de Dios. El primero y tal vez el principal de todos es el acceso a Dios sin restricciones a través de la oración, en virtud del perdón ilimitado que Él otorga a nuestros pecados y que se traduce, a su vez, en el futuro disfrute pleno de vida eterna en Su presencia, y en la posibilidad de experimentar ahora, de manera cada vez más creciente y satisfactoria, del fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas tal y como lo encontramos en Gálatas 5:22:…amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio…

Dominio propio que anticipa y nos prepara para ejercer responsablemente el dominio renovado que estábamos llamados a tener sobre toda la creación, con todo el disfrute que esto implica, según se revela en los capítulos 1 y 2 del Génesis. Allí encontramos también que fuimos diseñados para usar nuestras mentes de manera creativa y productiva, experimentado la satisfacción de las metas alcanzadas tanto en lo físico, como en lo emocional, en lo intelectual y en lo espiritual. Pero todo ello como resultado del disfrute de una restaurada comunión con Dios, anunciada así por el apóstol Juan: Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. 1 Juan 1:3.

Diseñados para disfrutar de unidad en el matrimonio

El hombre fue creado y diseñado para vivir en comunidad. La expresión más plena y acabada en este mundo de este propósito es la relación conyugal conducida como Dios manda entre el hombre, la cabeza de la relación, y la mujer, su ayuda idónea y adecuada. El matrimonio debe ser un anticipo y un abrebocas deleitoso, aun en medio de las dificultades que pueda entrañar, de la relación restaurada entre Dios y la humanidad en el seno de la iglesia que podemos disfrutar nuevamente mediante el evangelio. No en vano el matrimonio es la imagen escogida por Dios para representar la relación madura, estrecha y fiel que la iglesia está llamada a entablar con Él.

Poder compartir la vida con un ser humano del sexo opuesto bajo el vínculo del matrimonio es una experiencia siempre gratificante por los aspectos humanos comunes a ambas partes de la relación, pero sobre todo por las diferencias propias de cada uno de los géneros, que son las que hacen verdaderamente interesante la relación, brindándole una emoción y un dinamismo que va mucho más allá del mero atractivo sexual.

El matrimonio es, pues, una bendición de Dios de la que podemos disfrutar legítimamente en esta vida, al margen de que no haya, por lo pronto, matrimonio perfecto, lo cual no es obstáculo para reconocer que: más valen dos que uno… (Eclesiastés 4:9), como lo afirma la Palabra de Dios y que el compartir vivencias, hijos, economías y todo lo que puede girar en torno a un matrimonio, hace que nuestra vida tenga más matices y más satisfacciones. Eso no quiere decir que la soltería bien llevada no cuente con la aprobación de Dios y con sus propias ventajas desde la óptica del Evangelio, entre las que encontramos el adiestramiento que nos faculta para aprender a disfrutar también de la soledad, algo que todos debemos afrontar para madurar como corresponde. Mucho más cuando no podemos prever las circunstancias que el camino nos reserve, entre la cuales muy bien pueden encontrarse lapsos obligados de soledad que pueden ayudarnos a moldear el carácter y hacen de la soltería una condición tan respetable como la del que decide casarse, pues bien llevadas bajo la aprobación de Dios, ambas pueden providencialmente ser una fuente de deleite para el creyente. La sabiduría incluye la capacidad de disfrutar de nuestra condición, cualquiera que sea, conforme a aquella definición del contentamiento que recomienda: “Cuando no se puede tener lo que se quiere es hora de querer lo que se tiene”.

Diseñados para disfrutar del trabajo

El trabajo fue establecido por Dios como una bendición para el hombre. Por eso, al margen de las advertencias del Nuevo Testamento en el sentido de que el que no trabaje que no coma que hacen referencia a la remuneración del trabajo, su disfrute consiste ante todo en sentirnos útiles y servir a la sociedad con nuestros dones y talentos, aportando para que el mundo sea mejor haciendo de paso realidad las metas, sueños e ilusiones propios de nuestra vocación existencial.

En cuanto a la remuneración del trabajo, no hay nada de malo en disfrutar también de ella. Especialmente en lo que tiene que ver con el hecho de poder alcanzar una buena calidad de vida para nosotros y nuestros seres queridos que nos permita suplir nuestras necesidades básicas con satisfactoria solvencia y alcanzar también nuestras metas con excelencia, administrando fielmente la provisión que Dios nos brinda mediante la remuneración del trabajo, compartiendo igualmente con los que no tienen y apoyando la gestión de nuestra iglesia en la expansión del Evangelio con nuestros diezmos y ofrendas.

Adicionalmente, el poder trabajar en lo que disfrutamos hacer logrando que, además, nos paguen por ello, es una gran bendición. Con el añadido de que, si lo disfrutamos, es mucho más probable que lo hagamos bien y alcancemos así los mejores y más excelentes resultados. Por eso habría que estar de acuerdo con quien dijo: “¿No quieres trabajar ningún día de tu vida? Entonces escoge un trabajo que te guste”.

Por todo lo anterior, la conclusión de este artículo no podría ser otra que un fuerte llamado a disfrutar de la vida responsablemente.

Por: Deisy Guzmán de Rojas, periodista de la Universidad de La Sabana.

La falta de autoridad es uno de los síntomas más complejos de las relaciones familiares en la sociedad y las recomendaciones al respecto, tanto en la red como en grupos de ayuda y otros, son abundantes. Hechos&Crónicas trae para sus lectores unas sencillas pautas para que los hijos no se pierdan por falta de autoridad.

La juventud en la actualidad está cada vez más apartada de los hogares, no hay límites ni reglas; quería indagar aquello que se está perdiendo y que no se encuentra porque en ocasiones no se sabe lo que es. Actualmente y desde hace algún tiempo dedico parte de mi vida al servicio social comunitario en algunas entidades sin ánimo de lucro que trabajan problemáticas de drogadicción, abuso sexual y violencia familiar. Entonces, con todo eso y al observar rostros juveniles en las calles camuflados en alguna tribu urbana o implemente perdidos en el alcohol, me examino, ¿qué pasa con los padres de estos jóvenes, acaso se rindieron en el intento? ¿Dónde está la autoridad que el Creador nos da para educar en bendición con valores y principios? ¿Qué pasa con los padres sin autoridad?

Por otro lado, observo los chicos que tienen el privilegio de ocupar una silla en un aula de clase y sus miradas perdidas por la ausencia de progenitores que los proveen de todo, excepto de amor. Hogares disfuncionales, padres con alguna adicción, falta de tiempo, pandillas, matoneo o bullying, jóvenes con la única necesidad de ser amados, deseando un cálido abrazo que se remplaza por un iPod o una caricia que se cambia por un objeto de última tecnología, accesorio de moda o simplemente el dinero o las boletas para el concierto de su artista favorito.

Con todo esto, ¿por qué algunos padres pueden olvidar fácilmente su labor, abandonar sus hijos, cansarse en el camino? No es la condición social en que se encuentren, sino la falta de amor verdadero, la falta de Dios en el corazón. Ellos son los hijos sin bendición.

A continuación, algunos de los deberes más importantes en la tarea que se nos ha asignado, con el fin de que nuestros hijos no pierdan la bendición por causa de nuestra falta de autoridad. Aunque no se nombran de forma específica, sabemos que el ejemplo jamás puede faltar.

Dejar herencia (Deuteronomio 6:6-9): La primera escuela definitivamente es el hogar. El verdadero tesoro que dejamos a los hijos no es lo material sino el ejemplo y la enseñanza de vivir conforme a la palabra de Dios. El conocimiento no es únicamente académico, artístico o una herramienta pensada para sobrevivir; es el valor espiritual que prepara futuros padres para continuar el legado de vivir conforme al corazón de Dios y éste es el mejor manual de vida.

Administrar (2 Corintios 12:14): Tenemos el deber de instruir a nuestros hijos en el cuidado, amor y respeto con todo lo que Dios pone a nuestra disposición; a valorar cada privilegio que nos permite, como el hecho de estar vivos, y a no mal gastar lo que está a nuestro servicio, incluyendo los recursos naturales. Por ejemplo, administrar el agua con la que nos bañamos, no pedir alimentos que no vamos a comer e incluso cuidar cada útil escolar porque no se trata de dar cinco lápices a la semana sin preguntar el motivo. Así ellos aprenderán a tener y desear una mejor calidad de vida.

Enseñar con amor y valor (Proverbios 22:6): Este es un punto muy importante y definitivo en las relaciones familiares, de ello surge el ejemplo que no es exclusivo de padres a hijos sino, por el contrario, de vínculos en la convivencia. El modelo de los jóvenes dentro del hogar es el primer patrón que repiten, si corregimos con cariño, amamos por encima de cualquier dificultad, enseñándolos a valorar cada provisión dada por Dios, ellos siempre sabrán que esa es una regla de oro y querrán repetirla en su núcleo familiar.

Autoridad (Proverbios 27:5): Este es el eje de todo y aplicarlo es muy fácil: libertad jamás será sinónimo de libertinaje sino de educación basada en límites, y siendo conocidos a tiempo siempre tendrán consecuencias positivas; reglas que los guiarán a una vida en armonía y conciliación. Se trata también de diseñar planes de emergencia para prevenir y sanar conflictos en paz. Si bien es cierto cada ser humano es un mundo diferente, la verdad es que habitamos el mismo espacio y eso implica crear normas sanas de convivencia para desarrollar libremente su carácter.

Tomar el control (1 Timoteo 3:4): Debemos asumir siempre el rol que se nos ha otorgado como padres o tutores, estar siempre pendientes de las necesidades y dificultades de los hijos. No implica hacerse a un lado antes sus problemas, es saber dar la mano y apoyo cuando más lo necesitan porque es justamente ahí cuando se sienten mal. Lo que se denomina un problema para ellos, dependiendo de la edad, puede ser para un adulto algo natural o fácil de responder y no podemos simplemente enseñarles a evadir los problemas. Vemos entonces, por ejemplo, al pequeño de preescolar que puede sufrir terriblemente por un sobre-nombre y esto le causa un desaliento al inicio de su vida escolar. En un niño de primaria una palabra mal usada por compañeros e incluso docentes puede destruir su corazón. Así mismo, un adolescente que siente presión de grupo por una aceptación fácilmente abandona el deseo por el estudio y acaba con sueños, pasiones y deseos por una carrera profesional en el futuro.

Así que lo que para nosotros puede ser simple, para ellos puede ser algo muy complejo. Conozcamos su estado de ánimo, dediquemos tiempo a entablar conversaciones donde el centro no sea un televisor y una cabeza aseverando todo sin escuchar. Demos un corazón dispuesto a acompañar, abrazar, comprender; transmitir soluciones donde nadie salga lastimado. Si, por el contrario, son nuestros hijos los que causan algún daño a otro, debemos tomar siempre el control y enseñar a asumir los errores con honestidad, afrontando la realidad.

 Extracto del libro Padres sin autoridad, hijos sin bendición de Sandra Liliana Palacios. Editorial Buena Semilla. 

Hijo único ¿Fin del mito?

21 Ene 2014
1172 veces

Caprichosos e individualistas: así se suele pensar a los hijos únicos. Concienzudos estudios de psiquiatras y psicólogos cambian radicalmente el concepto de que el niño que no tiene hermanos llega a ser egoísta, poco sociable y hasta inútil.

Los índices de natalidad disminuyen y el mundo se alerta: ¿una sociedad de hijos únicos? El modelo familiar de hijo único que en China se instaló como medida de control demográfico se está globalizando naturalmente en el resto del planeta. Un creciente número de parejas decide tener un solo hijo; otras se desarticulan después del primer nacimiento o no tienen los medios económicos para sostener familias numerosas, más allá de su deseo.

Con el fantasma de una sociedad de hijos únicos -que el prejuicio popular considera déspotas, caprichosos, narcisistas e individualistas-, investigadores de todo el mundo los han convertido en objetos de estudio. En las más afamadas publicaciones científicas, juiciosos investigadores han dedicado varios años a analizar el comportamiento de niños y adolescentes que crecieron sin más hermanos, demostrando que esa condición no les hace inferiores a los demás y, por el contrario, se dan casos de inteligencias altamente desarrolladas y habilidades poco comunes. Una de las investigaciones más recientes estudió a 13.466 adolescentes. Coordinados por Donna Bobbitt-Zeher y Downey Douglas, de la Universidad Estatal de Ohio, los investigadores indagaron la sociabilidad de los  hijos únicos, escrutando los índices de popularidad entre sus pares.

Según el estudio, los adolescentes no presentaron menores niveles de aceptación y popularidad: no fue posible establecer diferencias en cuanto a las relaciones con sus pares.

Otro análisis coordinado por Douglas en 2004 había hallado que en preescolar los hijos únicos presentaban dificultades en las relaciones interpersonales. Sin embargo, en indagaciones más recientes, entre niños que cursaban la escuela primaria hallaron que, aunque en los primeros años de vida existan diferencias entre los hijos únicos y los hijos de familias con más hijos en cuanto a las dificultades para estar con otros, esas diferencias se diluyen con el paso del tiempo, en la medida en que aprenden a compartir en la escuela y en otros ámbitos lo que no comparten en la casa.

“Entre el preescolar y la adolescencia, los niños tienen más oportunidades para interactuar con otros y desarrollar habilidades sociales en la escuela y fuera de ella, como en clubes, centros deportivos y grupos de pares. Estas interacciones compensan cualquier diferencia que pudo existir en sus primeros años”, argumenta Donna Bobbitt-Zeher.

Por su parte, Laurie Kramer, profesora de Estudios Aplicados de Familia de la Universidad de Illinois y autora de un reciente estudio sobre el tema, refuta la idealización de las relaciones fraternas. Los hermanos cumplen un papel indiscutible como agentes de socialización, pero no necesariamente de signo positivo. Por ejemplo, “una adolescente tiene mayor riesgo de quedar embarazada si una hermana mayor fue madre adolescente”.

La influencia de las relaciones fraternas es innegable. Sin embargo, el mundo social no se circunscribe a los lazos biológicos y los chicos que crecen como hijos únicos encuentran hermanos sustitutos que los acompañan en su proceso de socialización en amigos, vecinos, primos o compañeros. El mundo exterior, por fuera de los límites familiares, descomprime un clima familiar sofocante, que espera y exige demasiado del hijo único.

Para Graciela Saladino, profesora de Psicología Evolutiva de la Universidad de Buenos Aires, hoy no existe un modelo único de familia, y las funciones tradicionales pueden ser corporizadas por múltiples figuras. El comportamiento no está marcado por la cantidad de hermanos, sino por los valores que cada familia promueve. “A compartir se enseña –ejemplifica la psicóloga-. Aunque no tenga hermanos de sangre, es fundamental que el niño sepa que hay otros, que no es único.”

Una vía que facilita esta integración es “crearles necesidades intelectuales en contacto con otros, para que no sean unos tontos sentados frente a la computadora o la TV porque, en ese caso, sí se aíslan”, propone Cristina Sabin, psicóloga y madre de un hijo único.

“También es necesario decir que no cuando corresponde, no acceder al deseo constante de un chico que se siente el centro del mundo”. Romper esta ilusión narcisista es, justamente, lo que permite desarticular la caracterización del hijo único como un déspota, ególatra e individualista, que responde a la descripción de quien es incapaz de hacer del otro un semejante y vive como si los demás fuesen invisibles.

Para el psicólogo colombiano Juan Eduardo Rodríguez, especializado en temas de conducta, en desarrollo psicoafectivo y psicología de las relaciones familiares, y quien además es pastor y conferencista, el concepto estigmatizante del hijo único ha cambiado radicalmente en los últimos años, no obstante que se observa un vertiginoso aumento de ¨hijo único ¨ en las últimas décadas, debido a distintos factores. Observa que durante mucho tiempo se evidenció la complejidad psicológica del hijo único, la dependencia emocional hacia los padres, posturas egoístas, problemas de identidad diferenciada de los padres, ciertos grados de inmadurez y la preferencia del acompañamiento de los adultos en la toma de decisiones. No obstante, cambian todas estas amenazas cuando lo que observamos hasta hace poco tiene una propuesta diferente en la manera como se asume el proceso afectivo y conductual del hijo único, a partir de los padres; hoy se inicia la etapa educativa mucho más pronto, a más temprana edad, y esto hace que el niño socialice, y establezca como conducta normal relacionarse con otros.

También afirma Rodríguez que la cercanía con los padres se ha llevado a zonas o áreas donde se aprende seguridad, apoyo, comprensión; el proceso afectivo va desarrollándose y afianzándose entretanto va reforzándose el concepto de autonomía para prepararlos hacia la responsabilidad. Se puede observar que el individuo en estas condiciones tiene un mayor nivel de concentración y de aprendizaje, por ende más seguro de sí mismo. 

Cómo los smartphones, tabletas y computadores portátiles pueden generar disputas en las relaciones de pareja.

La facilidad que han traído los nuevos artefactos electrónicos (tablets, iPads, teléfonos inteligentes, entre otros), han sido una completa ayuda para la generación actual que necesita constantemente estar informada, recibir correos, leer noticias, comunicarse con otras personas alrededor del mundo y hasta ponerse al día en su trabajo desde prácticamente} cualquier lugar del planeta.

logo-con-transp4

Revista Hechos&Crónicas es la opción perfecta para los lectores que quieren estar bien informados de lo que pasa en Colombia y el mundo. Analiza desde la perspectiva cristiana integral con cifras, datos y hechos, temas sociales, económicos, religiosos, políticos, deportivos, del mundo del espectáculo, entre otros.
Este medio impreso cuenta con el respaldo de la iglesia Casa Sobre la Roca.

 

Contáctenos

Revista H&C

Tel: (571) 6346100 ext 1090
Cel: (57) 320 275 0899
Email: servicliente@revistahyc.com
Dir: Cll 104 # 14a - 22 
Bogotá - Colombia