Lunes, 30 Noviembre 2015 22:35

Reflexiones sobre la prosperidad: Vida abundante

Con frecuencia hablamos de “vida abundante” en nuestras iglesias. ¿Qué significa esto en realidad?

Cuando los cristianos hablan de la vida abundante en Cristo, generalmente comparten algunas creencias; sin embargo también hay puntos de desacuerdo. La Biblia es clara: nuestra nueva vida, de la que habla 2 Corintios 5:17, es una realidad: Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Y Jesús añade: yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Juan 10:10. La nueva vida en Cristo significa más que simples bendiciones materiales.

Abundando en perspectivas

En muchos casos la gente se refiere a Dios como Aquel que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros. Efesios 3:20.

Esto se suma a que a lo que vemos a lo largo de las Escrituras: Dios bendiciendo a unos y dando promesas a otros. Los libros de Josué y Salmos hablan sobre el hecho de que podemos ser prósperos y varios de los proverbios revelan formas sobre cómo lograrlo.

Hebreos 11 destaca personas de fe y bendición, pero también asegura que muchos creyentes fueron torturados, avergonzados, azotados, encarcelados, apedreados, maltratados, desheredados y dejados sin hogar. Ellos fueron aprobados a través de su fe, pero no recibieron lo prometido. ¿Esto suena como una vida abundante? ¿Es eso prosperidad? Sin embargo, encontramos que estas personas, llenas de dificultades, mostraban en su vida una alegría permanente.

El mismo Pablo redactó una buena cantidad de la Escritura sobre alegría y paz en medio de sus propias circunstancias difíciles y utilizó terminología como así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tienen en Cristo Jesús. (Filipenses 4:19). Pablo encontró la suficiencia de su vida en Cristo.

Entonces, ¿cuáles son esas “riquezas en gloria” a las que se refiere?

Sabemos que hay algunas cosas que solo pueden venir de Dios, no del supermercado. Por ejemplo, Dios da la paz que sobrepasa todo entendimiento. Jesús y Pablo prometen que habrá problemas en la vida de un creyente. Un gran problema puede llegar a cualquiera: Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Mateo 5:45.

Algunos creyentes tratan sus problemas como si se debieran a su relación con Cristo. Su nueva vida les cuesta fortaleza física y material; sin embargo, Jesús dice que ¡tenemos vida en abundancia! Siempre se nos promete una profunda paz perdurable que va más allá de lo que podemos recibir al respirar profundamente y contar hasta diez. ¿Hemos caído en cuenta de que la paz, hoy más que nunca, es la bendición más anhelada?

Abundantes oportunidades y responsabilidades

Una forma de ver la vida abundante es cuando las personas han sido transformadas por el poder de Cristo y llevan vidas diferentes que afectan todos los aspectos de su experiencia.

El cambio espiritual, acompañado de mejores decisiones, no necesariamente conduce a mejores circunstancias financieras. (A veces lo que se logra es ser perseguido, arrestado y hasta martirizado, pero ese no es el punto).

Este no es el evangelio de la prosperidad. Aunque una mayor prosperidad puede venir de una vida y una visión del mundo centrada en el Evangelio. No es debido a nuestra “fe de semilla”, sino porque ponemos en práctica nuestra fe en un nuevo estilo de vida.

Puede que todo en la vida financiera no esté aumentando en formas mesurables, pero el evangelio siempre será verdaderamente próspero. En otras palabras, no se obsesione con el dinero porque la prosperidad viene de muchas otras formas. Santiago 1:17 dice que todo don bueno y perfecto viene del Padre que creó las lumbreras celestes.

¿Qué hay de los milagros financieros?

No hay que asustarse por el hecho de que hay momentos en los que las personas fueron bendecidas materialmente en las Escrituras, a veces incluso en respuesta a sus actos de fe. La pregunta es, ¿es esta norma, una ocurrencia común, o es la excepción?

Tal vez deberíamos preguntarnos por qué Dios bendice a algunos con más cosas materiales que a otros. ¿Está Él premiando la fidelidad con más oportunidades? ¿Está Dios tratando de exhibir la fidelidad de algunas personas por el hecho de que no tienen tantos recursos como los demás?

Seamos agradecidos por lo que Dios nos ha dado y reconozcamos que Él bendice a los demás. No nos enojemos con la gente bendecida materialmente. Recordemos que todos hemos sido bendecidos, aunque de diferentes maneras.

Cuando vivimos de esta manera nos convertimos en canales de la bendición de Dios. Algunos cristianos parecen pensar que Dios los ha convertido en contenedores completos con una tapa. Un contenedor almacena recursos, pero un canal los libera. Deberíamos estar derramando en otros lo que Dios derrama en nosotros.

La llave

Reconocer que las personas prosperan cuando son cambiadas por el evangelio es evidente, pues se vuelven mejores en sus puestos de trabajo. Esa es una forma de prosperidad cristiana. Creer que Dios puede y bendice financieramente para sus propios propósitos tiene sentido y debemos responder como aquellos que son bendecidos por ser bendiciones para los demás.

La clave es entender que no recibiremos automáticamente bendiciones materiales y reconocer que podemos ser bendecidos de manera notable, y vivir una vida abundante, en medio de circunstancias difíciles. La pobreza y la persecución no pueden superar la prosperidad que Dios provee para nosotros en Cristo.

La vida abundante no se mide por lo que tenemos. No se trata de lo que recibimos. No se trata de lo que afirmamos. En última instancia, la vida abundante es cuestión de lo que recibimos como un regalo del Señor y de vivir sabiendo que somos mayordomos de Sus bendiciones.

No es pecado ser rico (aunque esto se podría omitir si morimos ricos). Es más, la mayordomía no se mide por lo que recibimos sino por lo que damos. Al final del día, tal vez, así es como sabemos que estamos vivos, cuando abundantemente hemos compartido nuestra vida con los demás. Cuando tenemos suficientes bendiciones de Dios (la misericordia, la paz, el amor, la gracia, la sabiduría, etc.) para compartir con otros; ahí es cuando realmente tenemos vida abundante. Compartir sí es vida abundante.

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