Lunes, 18 Julio 2016 21:17

La Trinidad ¿Polteísmo pagano encubierto?

Históricamente la doctrina de la Trinidad ha sido una marca de corrección teológica compartida por las tres grandes ramas de la cristiandad: católica, ortodoxa y protestante por igual, al margen de sus diferencias.

Como tal ha servido también para identificar a las sectas heréticas dentro del cristianismo que son, justamente, las que no sostienen esta doctrina, llamadas de muchas maneras a lo largo de la historia, siendo en la actualidad “unitario” la palabra que suele englobarlas a todas.

Con todo y ello, la Trinidad ha sido también uno de los frentes en que la iglesia cristiana ha sido más atacada por parte de los monoteísmos judío y musulmán y también por parte del racionalismo moderno que hace causa común con ellos para acusar a la iglesia de incurrir en triteísmo o creencia en tres dioses, lo cual descalificaría al cristianismo para ubicarse dentro del monoteísmo trasladándolo al campo del politeísmo pagano al que combate y descalifica.

El racionalismo va más allá y afirma que no es posible sostener la doctrina de la Trinidad desde el punto de vista de la coherencia lógica sin caer en flagrantes contrasentidos al hacerlo, en especial en lo que tiene que ver con la ley lógica de la no contradicción que afirma que algo no puede ser cierto y falso al mismo tiempo y en la misma relación. Así, de acuerdo a esta ley, una persona podría ser al mismo tiempo padre, hijo o esposo, pero no en la misma relación, sino en relaciones diferentes, a saber: con su hijo, con su padre y con su esposa respectivamente.

Del mismo modo un padre podría ser maestro, condiscípulo o alumno de su propio hijo, es decir en la misma relación, pero no al mismo tiempo. Pero si examinamos la formulación clásica de la doctrina de la Trinidad veremos que no incurre en una contradicción lógica. Esta formulación consiste en afirmar: “Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas, un solo Dios verdadero”. La ley de la no contradicción sería violada si se dijera: “… tres personas distintas, una sola persona verdadera” o “… tres dioses distintos, un solo Dios verdadero”, pero ciertamente no es eso lo que dice. Así, pues, la Trinidad podrá ser un misterio que escapa a la comprensión de nuestra finita mente racional, pero no es de ningún modo una doctrina irracional o contradictoria desde el punto de vista de la lógica formal.

Por supuesto, los malentendidos alrededor de la doctrina de la Trinidad también surgen de la ignorancia de quienes abordan este asunto sin conocer los términos técnicos discutidos y acuñados durante los cuatro primeros siglos de nuestra era por los teólogos y dirigentes cristianos para referirse a ella. Términos que no viene al caso considerar aquí, pero acerca de los cuales debería documentarse medianamente todo creyente que quiera entender mejor esta doctrina tan fundamental a la experiencia y la práctica cristiana si es que no quiere terminar, a su pesar, traspasando los linderos de la sana doctrina.

La Trinidad en el Antiguo Testamento

La Trinidad es una doctrina revelada en el Nuevo Testamento, pero ya el Antiguo contiene inquietantes detalles que la sugieren de modo que cuando se revela plenamente en el Nuevo, no aparece de la nada, sino que ya cuenta con antecedentes. Entre estos podemos mencionar el nombre Elohim atribuido a Dios, un nombre plural que, en términos normales, se traduce como dioses, pero que el contexto mayoritario del Antiguo Testamento obliga a traducir como Dios, en singular.

También llama la atención el “plural majestático o deliberativo” por el que en ciertos pasajes enigmáticos, cuando el Dios uno habla, lo hace en plural, comenzando por Génesis 1:26-27 que dice textualmente: … y Dios consideró que esto era bueno, y dijo: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza..., terminando con Isaías 6:8 en donde el profeta afirma: Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?..., forma de hablar que únicamente adquiere sentido cabal en el marco de la Trinidad.

Aún Deuteronomio 6:4, el pasaje clásico del monoteísmo judío conocido como el Shemá: Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno, contiene una alusión velada a la pluralidad pues la palabra hebrea que se traduce allí como “uno” es utilizada comúnmente para designar una unidad compuesta, es decir la unidad de un conjunto por contraste con la unidad simple de cada uno de sus elementos, o la unidad compuesta de un equipo por contraste con la unidad simple de cada uno de sus jugadores.

Esto sin mencionar la figura de “el ángel del SEÑOR” un personaje que, por la manera en que se describe en el Antiguo Testamento, es evidente que, más que un ángel, se refiere a Dios mismo, de donde los teólogos cristianos han inferido que este ángel es una manifestación no tan sólo de Dios en un sentido amplio e indiferenciado, sino una manifestación específica del Verbo, el Hijo, o lo que es lo mismo, la Segunda Persona de la Trinidad antes de su encarnación como hombre en la persona de Cristo.

Por último, además del Shemá, dos pasajes más centrales en el Antiguo Testamento y en las liturgias judías son muy afines con una interpretación trinitaria: la oración sumo sacerdotal de Números 6:24-26: »‘El SEÑOR te bendiga y te guarde; el SEÑOR te mire con agrado y te extienda su amor; el SEÑOR te muestre su favor y te conceda la paz, e Isaías 6:1 en donde leemos: Y se decían el uno al otro: «Santo, santo, santo es el SEÑOR Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.», porciones que mencionan a Dios tres veces y que, unidas a todo lo anterior, hacen un caso fuerte a favor de la trinidad revelada en el Nuevo Testamento.

La Trinidad en el Nuevo Testamento

En relación con el Nuevo Testamento son tan abundantes, diversas y directas las alusiones a la Trinidad que hay que estar de acuerdo con Herbert Lockyear: No podemos estudiar los grupos de pasajes que manifiestan las operaciones del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo sin llegar a la conclusión de que el Nuevo Testamento es Trinitario hasta la médula y que toda su enseñanza está edificada sobre la suposición de la Trinidad. Sus alusiones a la Trinidad son frecuentes, casuales, fáciles y confiadas.

En otras palabras, para cualquiera que lea desprejuiciadamente el Nuevo Testamento salta a la vista la doctrina de la Trinidad, percibida casi de manera intuitiva y sutil aún antes de emprender cualquier esfuerzo sistemático y reflexivo para dejarla establecida. Es reconfortante, por tanto, al respecto lo dicho por el Dr. Alfonso Ropero: Quizá estemos en el comienzo de un renacer de la Trinidad divina en la vida de la iglesias, que suponga un soplo de aire nuevo y vital en la espiritualidad y vida de los creyentes, del mismo modo que lo fue el descubrimiento de la persona del Espíritu Santo en estos últimos años. Para ello es necesario situar la Trinidad divina en la cabeza de nuestra comprensión de la fe. No asustarse de sus aparentes dificultades lógicas y bíblicas, sino sumergirse de lleno en su estudio para despertar a una nueva dimensión de la comunión con el Dios que es comunión por excelencia.

Por: Arturo Rojas, director de la Unidad Educativa Ibli Facter de la iglesia Casa Sobre la Roca, en Bogotá. (@PastorArturoR)     

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