Jueves, 27 Abril 2017 16:52

La Nueva Jerusalén está en Coveñas

El día en que conocí a la hermana Marelvi, como la llaman todos, estaba ayudando a los niños de una fundación que acababan de llegar a Coveñas para pasar sus vacaciones.

Aunque no los conocía, presurosa se dispuso a ayudar en lo que más pudiera para que la estadía de estos chicos fuera lo más cómodo posible en las instalaciones que quedan al frente de su iglesia.

Nacida en Pueblo Nuevo, Córdoba, esta mujer de 60 años ha pasado más de 30 al servicio del cristianismo en su región. Es de baja estatura y cabello color castaño mezclado con algunas canas.

“Cuando tenía 10 años conocí a Jesucristo. Vivía en el municipio de San Francisco del Rayo en el departamento de Córdoba, le serví por 18 años con entrega total y santidad pero por circunstancias de la vida, me fui a Medellín. Tras estar allí un tiempo tuve que regresar a Coveñas. Al llegar a mi pueblo, conocí a mi esposo y luego me aparté del Señor por 18 años”, recuerda Marelvi.

Durante el tiempo lejos de Dios, la vida de Marelvi Susana Mendoza Hoyos cambió radicalmente. “Me dio cáncer en el riñón izquierdo y me enfermé mucho. Yo estaba rebelde con el evangelio y no quería saber nada de él porque estaba maltratada por un pastor. Para ese momento, yo estaba muy grave e hinchada y a los diez días parecía un monstruo”, explica Mendoza.

El milagro que la sanó

La enfermadad de Marelvi se agravó con el paso del tiempo, su vida perdía toda la vigorosidad con la que había montado su propio negocio, sostenía a sus hijos, lidiaba con un esposo que era alcohólico y asistía a la iglesia católica con cierta regularidad.

Pasó de dar paseos en la playa a no poder caminar y tener que asistir al hospital cargada por más de tres personas. La vida tranquila que tenía en Coveñas se convirtió en un tormento lleno de dolor, lágrimas, sufrimiento, exámenes y de incómodos viajes a Sincelejo, Cartagena y Medellín, porque los médicos no sabían qué tenía.

“Duré dos meses con mis hermanos en el Hospital San Vicente de Medellín. Ellos me llevaban, buscaban citas, hacían fila y nunca encontraban lo que tenía. Me mandaron 45 exámenes de todo tipo para saber qué tenía. Al mes, el médico me expresó que había visto los resultados y nos dijo “con ella no hay nada que hacer, adentro no hay órganos, el cáncer se los comió todos: no tiene el otro riñón, ni estómago, páncreas ni hígado, todo está comido. No podemos hacer diálisis porque hay un hueco. Es mejor que se la lleven para su casa, es una lástima que muera lejos de sus hijos. Tiene cinco días de vida”, ese dictamen médico me destrozó, recuerda Marelvi con lágrimas en los ojos.

Esta desesperación, rabia y frustración hizo que Marelvi volviera a buscar a Dios, “Señor si me vas a llevar, deja que vaya a Coveñas y me despida de mis hijos y si me vas a dejar viva, hazlo pero no en cuatro paredes o en una silla de ruedas, déjame caminando y yo llevaré tu Palabra a donde desees”, prometió esta mujer de forma similar a la que lo hizo la madre del profeta Samuel: humillada ante Dios y en soledad.

La sanidad fue casi inmediata. Tras haber orado a Dios, Marelvi se quedó dormida pero al levantarse empezó a ver los efectos del poder del Señor. “Desperté con movimiento en mis brazos; ya llevaba ocho meses sin ningún movimiento, y cuando lo tuve, me apoyé, me levanté un poco de la cama y me senté en ella. Al ver esto mis familiares se pusieron a llorar e incluso algunos creían que ya me iba a morir porque mi estado era crítico”, recuerda.

Tras varios días en Coveñas, Marelvi volvió a Medellín para ir a un médico nefrólogo. Al llegar “el médico se quedó mirándome y le dije: doctor haga lo que tenga que hacer que Dios ya está haciendo su parte”. Él se levantó llorando, me dio un abrazo y me dijo que nunca había visto una fe tan grande”.

Después de nueve meses hospitalizada en Medellín volvieron a realizarle una biopsia de riñón y la mandaron a descansar a la casa en la que vivía en la capital antioqueña. Al volver, nuevamente le pidieron realizarse otros exámenes hasta que “le pregunté al Dr. Martínez. ¿Qué pasa porque hay tantos médicos y enfermeras? Y respondió “lo que pasa costeña es que nos tienes locos. Te vamos a mostrar el video de cuando llegaste aquí”. Al verlo me comenzaron a mostrar órgano por órgano y donde debía estar y que se supone no estaba porque estaba consumido por el cáncer. Luego pusieron otro video grabado ese mismo día y me mostraban todos los órganos e incluso me dijeron que tenía los riñones como si fueran los de unan niña de ocho años. Me dieron de alta y lo único que me dijeron fue que cuando volviera a Medellín trajera caramelos en agradecimiento”, expresa la hermana Marelvi.

Una oportunidad de vida dedicada a la Palabra de Dios

Un año después de esta enfermedad, una misionera llamada Galcira llegó a Guayabal (Barrio donde vive Marelvi) y realizó un culto en el polideportivo que queda ubicado a media cuadra de su casa y donde actualmente queda la iglesia. Al llegar Marelvi al servicio, ella empezó a recordar toda su vida, desde que recibió a Cristo pasando por su enfermedad, y todo lo que había tenido que superar con sus hijos y esposo.

Oró con lágrimas en los ojos y clamando ayuda al Señor, Marelvi recibió la respuesta por parte de Dios a través de la misionera “El Señor me dijo de que tú les estabas pidiendo un empleo y Él te dice que te da uno: Esa casa donde tú vives será su iglesia y tú la llevarás sobre sus hombros ¿Lo tomas o lo dejas?”. Al escucharla me estremecí porque yo estaba pidiendo pero no un ministerio pastoral y dije: yo lo acepto, yo lo acepto”.

El 20 de julio de 2007 se celebró el primer culto de la Iglesia Cristiana Nueva Jerusalén. En lo que antes era la sala de su casa, la pastora oficio su primer servicio luego de un largo proceso para cumplir con el mandato de Dios. Tal era su convicción, que inició una fábrica de arepas antioqueñas para sostenerse y financiar la construcción del templo.

En medio de todo, ella continuaba la predicación en Guayabal pero con ello llegaron los inconvenientes, incluso de los mismos cristianos “la gente se burlaba, me maltrataban mucho, me trataban de anticristo, y decían que esta obra no era de Dios y que las mujeres no podían predicar”, comenta Mendoza.

Al hablarme de esos momentos duros, recuerda que la confirmación de su llamado llegó a través de Mateo 7:24-25 “Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca”.

“La confirmación del llamado fue con la cita donde habla de la casa sobre la Roca, he visto que muchos pastores se preparan para serlo y les entregan un ministerio y/o una iglesia, pero al año o dos los cambian. De este lugar con 20 años, nadie me cambia porque está fundamentada sobre la Roca, que es Cristo Jesús y Él me ha puesto humildemente sobre esa Roca”, afirma la pastora.

Hoy la Iglesia Cristiana Nueva Jerusalén tiene más de 150 miembros entre los cuales hay personal y suboficiales de la Armada Colombiana, que tiene la base a pocos kilómetros. Celebran cultos todos los días porque la necesidad espiritual es grande y los públicos diversos. Es así como los miércoles es el culto de oración y sanidad, los jueves son de estudio bíblico, el sábado es culto de alabanza y el domingo el culto por la mañana. Los ayunos de la iglesia se celebran los martes (damas), miércoles (caballeros) y el sábado (jóvenes).

La vida personal de Marelvi Susana Mendoza Hoyos ha cambiado. Su esposo, Jaime Rivera, abandonó el alcohol debido a sus problemas de salud, recibió a Cristo como su Señor y Salvador y ahora es el compañero de oración de la pastora. Su hijo mayor falleció hace más de cinco años y el menor trabaja para la Armada. Su hija, Adriana Milena sirve y predica en la iglesia junto con su esposo, preparándose para tomar las riendas de la obra.

La iglesia ha organizado varias expediciones misioneras a municipios y caseríos cercanos para llevar la Palabra de Dios. Asimismo, están en obra para abrir iglesia y centros misioneros en Tolú, San Antonio de San Barces y en las partes indígenas de la región.

Una obra pequeña pero que piensa en grande, tal como lo hizo hace miles de años la iglesia primitiva en Jerusalén, y todo gracias a la voluntad de Dios y a la obediencia de la pastora Marelvi, por eso, la Nueva Jerusalén está en Coveñas.

Texto y foto: David Bernal - @davidbernall

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