Miércoles, 03 Mayo 2017 18:03

La santa iglesia católica ¿Es verdaderamente católica la iglesia cristiana?

Hace 500 años Martín Lutero y los reformadores rompieron con la Iglesia Católica Romana por diferencias doctrinales irreconciliables, pero cabe preguntarse si al hacerlo rompieron también con la catolicidad de la iglesia.

Después de todo las iglesias surgidas de la Reforma Protestante suscriben todas ellas el Credo de los Apóstoles, el más antiguo de los credos de la Iglesia que en uno de sus apartes sostiene: “Creo en… la Santa Iglesia Católica”, así que si suscribimos este Credo, estamos afirmando que creemos en la “Santa Iglesia Católica”. Es, pues, preciso determinar en qué sentido los protestantes seguimos creyendo en la catolicidad de la Iglesia al tiempo que mantenemos nuestra separación institucional de la Iglesia Católica Romana.

La catolicidad cristiana

En su origen etimológico la palabra “católico” significaba simplemente “universal” y ese es el sentido con el que fue incluida en el Credo Apostólico para indicar la universalidad de la iglesia, tanto en su expansión a lo largo y ancho de todo el vasto imperio romano e incluso más allá de sus fronteras a los territorios bárbaros, como en la comunión que todas estas iglesias regadas por una gran parte del mundo conocido y salvo contadas excepciones, disfrutaban entre sí a pesar de las distancias que las separaban y de las dificultades en la comunicación propias de la época que les impedían mantener entre sí un contacto frecuente y constante. Y dada la expansión que las diferentes denominaciones protestantes y sus respectivas iglesias regidas por el principio de la Sola Scriptura han experimentado por toda la geografía del mundo moderno, los evangélicos debemos seguir suscribiendo la catolicidad de la Iglesia en este particular sentido.

Más adelante, cuando surgieron las primeras herejías trinitarias y cristológicas el término católico se utilizó de manera diferente. En especial en relación con la herejía arriana que negaba a Cristo su condición eterna y divina haciendo de Él simplemente la primera y más elevada criatura de la creación de Dios y, de paso, negaba también la doctrina de la Trinidad. En medio de la polémica alrededor del arrianismo que dividió a la iglesia durante casi un siglo entre las iglesias que estaban a favor del él y lo suscribían y promovían sin reservas, por oposición a las que lo combatían y condenaban; los miembros de estas últimas comenzaron a identificarse como católicos para diferenciarse de quienes se describían a sí mismos como arrianos, utilizando entonces el término “católico” como sinónimo de “trinitario”: Y en la medida en que los protestantes en general somos también trinitarios hasta la médula, defendemos también la catolicidad de la iglesia en este segundo sentido específico.

En la alta Edad Media la iglesia de Roma en cabeza de su correspondiente obispo va adquiriendo cada vez mayor relevancia sobre las demás diócesis de las grandes ciudades del antiguo Imperio Romano Occidental, malogrado por cuenta de las sucesivas invasiones de los bárbaros que culminaron con su caída, fechada por convención en el 476 d. C. cuando Odoacro, rey de la tribu germánica de los hérulos, depuso al último emperador romano de occidente: Rómulo Augústulo. Esta circunstancia creó un caos político y un vacío de poder que la iglesia de Roma, dirigida por obispos preparados y con experiencia en el arte de gobernar, se vio en buena medida empujada a llenar, catapultando a su obispo por encima de las demás sedes episcopales hasta llevarlo a reclamar hegemonía sobre todas ellas en lo que se conoce como el ascenso del papado.

La catolicidad romana

Las iglesias del Imperio Romano de Oriente, mejor conocido como Imperio Bizantino, que en cabeza del gobierno ejercido desde su capital Constantinopla se mantenía aún en pie resistiendo a las invasiones bárbaras que devastaron a Occidente, no aceptaron las reclamaciones de Roma y rompieron con ella en el año 1054 d. C. en lo que se conoce como el Cisma de Oriente. Esto dio lugar a dos grandes bloques diferenciados en la iglesia: la Iglesia de Oriente, mejor conocida en la actualidad como la Iglesia Ortodoxa Griega; y la Iglesia Occidental que retuvo para sí el calificativo de Católica, asociado ya a la hegemonía que Roma ejercía en Occidente en cabeza del papa, justificando ya para estas alturas el nombre de Iglesia Católica Romana.

Pero no fue sino hasta avanzado el tiempo, llegando al siglo XVI en que, a raíz de la Reforma Protestante y la separación que las iglesias cobijadas por ella llevaron a cabo respecto de la autoridad papal, se constituye como tal la Iglesia Católica Romana de la manera en que se define hoy por oposición ya no sólo a la Iglesia Ortodoxa Griega, sino también a la Protestante Evangélica surgida de la Reforma. Es en este último sentido que las iglesias protestantes ya no pueden aceptar ni suscribir la catolicidad, restringida únicamente a las iglesias sujetas a la autoridad vaticana que retienen el término “católico” en su nombre, usufructuándose de su uso de manera excluyente.

Lo anterior significa que cuando los evangélicos denunciamos los errores de la Iglesia Católica Romana como ajenos a nosotros, debemos referirnos a los cometidos por Roma con posterioridad al año 1517 d. C. en que tuvo lugar la Reforma, pues los errores de la iglesia anteriores a esta fecha no son ajenos, sino compartidos por los dos grandes bloques de la iglesia Occidental antes de su separación hace 500 años. Lo mismo debe decirse de la Iglesia Ortodoxa Griega en relación al año 1054 d.C., de donde los aciertos y errores históricos de la iglesia anteriores a este año son compartidos, para bien y para mal, por toda la cristiandad sin excepción.

Dicho de otro modo, cuando se critica a la Iglesia Católica Romana posterior al año 1517 d. C. estas críticas no nos conciernen, pero sí nos concierne todo lo dirigido por igual a la iglesia occidental antes del año 1517 d. C. o a la iglesia en general antes del año 1054 d.C.

Cristianismo y catolicidad

Valga decir que los países hispanos y sin proponérnoslo expresamente, las iglesias protestantes hemos terminado “devolviendo el golpe” al usufructuar para nuestro provecho casi exclusivo el término “cristiano” a secas, utilizado por todas las iglesias cobijadas por la Reforma para marcar diferencias con la Iglesia Católica Romana en los países de tradicional mayoría católica. Así, pues, un católico ya no puede presentarse a sí mismo en uno de estos países como cristiano a secas sin fomentar malentendidos, pues de no mediar aclaraciones y precisiones al respecto, sus interlocutores lo interpretarán siempre como si estuviera indicando su pertenencia a una iglesia vinculada doctrinalmente con la Iglesia Protestante Evangélica y no con la Iglesia Católica Romana.

Debido a todo lo anterior y para evitar malos entendidos, las iglesias protestantes han vuelto al sentido etimológico de la palabra “católico” incluida en el Credo Apostólico, de tal modo que al proclamarlo y suscribirlo aclaramos que no creemos propiamente en la “Santa Iglesia Católica”, sino en la “Santa Iglesia Universal” expresión que incluye, entonces, a todas las iglesias trinitarias desde el primer siglo hasta el año 1054 d. C., a las iglesias trinitarias occidentales desde el año 1054 hasta el año 1517 d.C. y a todas las iglesias trinitarias protestantes desde el año 1517 d.C. hasta la fecha.

Por: Arturo Rojas, director de la Unidad Educativa Ibli Facter de la iglesia Casa Sobre la Roca, Bogotá.

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