Lunes, 25 Enero 2016 16:00

Mi cuerpo, un templo de Dios, ayúdenme a protegerlo de los agresores

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por lo tanto, honren con su cuerpo a Dios. Corintios 6:19 (NVI).

Hay una historia que se repite cotidianamente, y aunque triste, ocurre a diario, a pesar de la indiferencia de todos nosotros. Pensamos que no nos puede pasar, pero ninguno de nuestros niños está exento de estos peligros.

Hace algunos años nació una hermosa niña en un hogar lleno de amor. Sus padres daban lo mejor de sí para cuidarla y llenarla de respeto y valores extraordinarios.

Al cumplir siete años, sucedió algo que nadie esperaba: sus padres decidieron separarse. A pesar de amarla profundamente, en ese momento perdieron el control de su cuidado y protección. Cada uno comenzó a preocuparse por reconstruir su vida. Su madre, por ejemplo, que antes permanecía cuidándola, sintió la necesidad de desarrollarse profesionalmente, algo que había dejado de lado por dedicarse a ser ama de casa; así que asumió el rol de padre y madre.

El padre, por su parte, poco a poco fue disminuyendo el trato con la niña, fue perdiendo su figura de autoridad y dejando de sembrar la identidad en su hija, mientras llenaba sus vacíos con otras mujeres.

La madre buscó el respaldo de un nuevo compañero y se unió con un hombre sin prever las consecuencias para la vida de su pequeña. El nuevo esposo parecía un hombre íntegro, sano y digno de confianza para ocupar el lugar de padre, sería él quien cuidaría tanto de ella como de su hijita y por eso soltó totalmente su protección. Sin embargo, el hombre comenzó a aprovechar pequeños lapsos que pasaba con la niña cuando la madre se ausentaba, para tocar partes de su cuerpo, diciéndole que era un juego, a lo que la pequeña cedió por un largo período, creando en ella sentimientos de culpa, vergüenza, confusión, tristeza y baja autoestima. Aunque las acciones no pasaron de ahí, no dejan de catalogarse como abuso.

Esta terrible experiencia marcó su vida. La ausencia de su padre, sumada al abuso sexual, crearon en ella un vacío imposible de llenar. Le costaba relacionarse sentimentalmente y buscaba en muchos hombres el amor que había perdido. A pesar de sobresalir profesionalmente e intentar demostrar su valor a los demás, no podía descargar la culpa, vergüenza y tristeza que llevaba sobre su espalda. Conoció a Dios y comprendió que solo su inmenso amor podía sanarla y restaurarla completamente.

Inició un proceso de consejería que la llevó a sanar las emociones maltrechas, a desechar el resentimiento, a liberarse de la esclavitud de la amargura, a perdonar a quien la había herido y a renunciar a esa mentira sembrada en su mente que la hacía sentir culpable y avergonzada por el abuso. Comprendió que su cuerpo fue limpiado y perdonado en la cruz y desde ese momento tomó la decisión de presentarlo como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, a cuidarlo como Templo del Espíritu Santo, decidió reservar el deleite sexual de su cuerpo, únicamente al matrimonio.

Siete pasos para evitar el abuso infantil:

1. Conozca los hechos: los padres somos responsables de nuestros hijos y debemos estar en alerta para evitar que pueda darse una situación de abuso. La tercera parte de las víctimas son abusadas por miembros de su familia. El riesgo principal proviene de personas cercanas.

2. Reduzca los riesgos: el abuso infantil ocurre cuando un adulto está a solas con el niño. Debemos tratar de conocer a la persona con quien se queda e intentar que puedan ser observados por otros. Internet es una gran puerta de entrada para los abusadores, supervisemos el uso que puedan hacer nuestros hijos de la red.

3. Involúcrese: podemos luchar contra el abuso, por ejemplo, apoyando leyes y organizaciones que luchen contra el abuso sexual a los menores.

4. Hable sobre el tema: los niños suelen mantener el abuso en secreto. Los abusadores manipulan y confunden a los pequeños para que crean que la culpa es de ellos o que lo que están haciendo es algo normal o un juego, pueden amenazar al niño o, inclusive, con hacer daño a otras personas de su familia. Hablar con los niños y explicarles los riesgos.

5. Manténgase alerta: señales físicas como irritación, inflamación o sarpullido en los genitales, infecciones de vías urinarias y otros problemas como dolor abdominal o de cabeza, fruto de la ansiedad. Problemas emocionales o del comportamiento tales como retraimiento o depresión, exceso de auto exigencia, rabia y rebeldía inexplicables. Comportamientos sexuales y atípicos para la edad pueden ser también signos de alarma.

6. Infórmese, sepa reaccionar: responder ante la verdad expresando incredulidad, rabia o enfado, puede hacer que el niño intente justificar la acción, que cambie la versión o que evite preguntas y diálogos que vuelvan sobre el tema.

7. Actúe cuando tenga sospechas: las sospechas dan miedo, pero pueden ser la única oportunidad de un menor de salvarse (los abusadores suelen tener varias víctimas). Si no nos atrevemos a denunciar podemos contactar con los servicios sociales, de protección al menor, centro de salud, etc.

No estás solo

Hay entidades y personas en plena capacidad de brindar ayuda, no sólo en cuestiones legales, sino en todo aquello que se requiera para superar cualquier consecuencia que este abuso haya traído:

•Fiscalía General de la Nación.

•Inspecciones de Policía.

•Comisarías de familia.

•Instituciones de Salud.

•ICBF.

•Policía Judicial.

•Medicina legal.

•Personerías Distritales o M/pales.

•Defensoría del Pueblo.

•Procuraduría General de la Nación.

Denunciar rompe el ciclo repetitivo:

Al buscar ayuda, queda en evidencia el abusador y se evitarán eventos de abuso continuos. Las instituciones están en la obligación de garantizar que se restablezca el derecho, además de reparar el daño.

La denuncia es la mejor manera de proteger a las víctimas y detener el abuso, es gratuita y no se necesita abogado para los trámites pertinentes, debe presentar su cédula solamente. Para esto, acude a las entidades mencionadas donde le ayudarán a comenzar la investigación y detener esta conducta.

En caso de violencia sexual, acuda antes de 72 horas a la autoridad más cercana, no se bañe y lleve la ropa cuando ocurrió la violencia para la recolección de pruebas. Las víctimas tienen derecho a cualquier procedimiento médico con respecto a su situación. Toda acción tiene una reacción, así que la víctima tiene derecho a ser asistido/a durante el juicio y el incidente de reparación integral, y si la justicia lo exigiera, por un abogado que podrá ser de oficio.

Por: Hilda Cristina López.

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