Miércoles, 04 Febrero 2015 00:00

Carta de una niña maltratada

Según la Unicef, cada cinco minutos muere un niño como resultado de la violencia en zonas de guerra, pero espantosamente, también en sus propios hogares y escuelas. Millones más viven con miedo de un abuso físico, psicológico o sexual. Los efectos duran toda la vida. ¡Tenemos que parar!

Queridos papá y mamá:

Espero que tengan tiempo de leer esta carta. Sé que están ocupados en sus trabajos y que hay cosas más importantes que yo, pero quiero que sepan cuánto los amo y que me perdonen porque sé que todo lo hago mal.

Ustedes dicen que soy una niña mala, que soy bruta y que no pienso. Cuando me gritan, intento entender, pero sus palabras son muy fuertes. No sé qué me quieren decir, trato de ser buena y ganarme su amor, pero nunca puedo y no es suficiente para lograr sus abrazos.

A veces pienso que es cierto, que soy muy torpe y mala. No entiendo por qué los hice enojar de nuevo. Rompí un vaso y la tarea me quedó mal, pero es que soy tonta. No fue mi intención.

Sé que tengo que ser fuerte. Ustedes siempre me gritan que no llore, que me calle y que no me soportan más. No debe ser bueno que llore, pero no lo puedo evitar.

Anoche papá se molestó. Yo sé que fue mi culpa, porque lo interrumpí cuando veía su partido, pero quería despedirme antes de dormir. Él gritó muchas palabras que no entendía. También dijo que yo era estúpida, que no lo respetaba y que eran mi culpa todos sus problemas.

No paré de pedirle perdón, de suplicarle que me dejara ir a dormir en silencio y de prometer que no lo haría de nuevo, pero no fue suficiente. Tuve miedo cuando sacó su correa, pero me asusté más cuando la soltó, porque sabía lo que venía. Papito me pegó con sus manos, con sus pies y con todo lo que encontró. Con cada golpe me daba cuenta que tenían razón, que soy estúpida y tengo que respetar. Pero esta mañana me dolían los huesos y el corazón.

Papito, quiero pedirte que no me pegues más. Yo prometo cambiar. Prometo ser esa niña buena que tú quieres ver. Prometo no quejarme cuando me quedo sola y cierran la puerta. Prometo no hablar de más ni pedirles nada, pero por favor papito, no me pegues más.

Muchas veces me han hablado de Dios, me dicen que nos ama porque Él es amor. Pero el amor duele. Duele cuando ustedes buscan su correa diciendo que me quieren y que es por mi bien. Duelen los morados en mis piernas y duele el corazón. ¿Cómo es entonces ese amor de Dios? De nuevo los hice enojar. Olvidé recoger mis muñecas y ahora son ustedes quienes lanzan los platos. Tapo mis oídos para no escuchar y poder rogar a Dios en silencio que los ayude a calmar y que me perdonen por fallar de nuevo.

Le pregunto ¿por qué estoy aquí, si como siempre me dicen, ustedes no buscaron tenerme? Y le pido que seamos una familia feliz… pero ahora papito me levanta sin compasión, sus manos hacen sangrar mi boca y me tira al suelo sin piedad. Duele, pero estoy en paz. Por fin Dios me ha respondido y ahora estoy con Él… mi papito hoy acabó con mi vida, ya no les estorbaré más.

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