Martes, 16 Junio 2015 20:07

Quería tener hijos pero ¡nada!

Este año cumpliré nueve años de casada. Desde entonces he tomado pastillas anticonceptivas para regular mi periodo, evitar desórdenes hormonales y ovario poliquístico. Cuando celebramos con mi esposo el tercer aniversario de matrimonio consideramos que era tiempo de “encargar hijos”, así que nos pusimos a la tarea y dejé de tomar el medicamento. Pasó un año y nada de nada.

Mi ginecólogo ordenó varios exámenes, entre ellos, una ecografía y ¡oh, sorpresa!, me diagnosticaron ovario poliquístico (problema de salud que padece una de cada 10 mujeres. Puede afectar el ciclo menstrual de una mujer, la fertilidad, la apariencia, entre otros aspectos). Empecé a preocuparme esa época trabajaba en un canal de televisión muy reconocido donde era periodista y reportera de un noticiero. El estrés que manejaba a diario era increíble. Sabía a qué horas entraba y no a qué horas salía. Además, la relación con mi jefa no era la mejor. Toda esa angustia, temor y ansiedad empezaron a verse reflejados en mi salud y no podía quedar embarazada.

Gracias a Dios no hubo rechazo por parte de mi esposo cuando supo que iba a ser una hazaña concebir. Mi médico me envió con otros especialistas: visité otro ginecólogo, un endocrinólogo, exámenes por allí, exámenes por allá. Me di cuenta de que estaba dentro del grupo de las infértiles.

En mi trabajo, mientras hacía una entrevista, conocí a un médico experto en fertilidad, le conté mi caso y me citó en su consultorio, ubicado en la calle 100 con Autopista, durante un mes, todos los días, a las 7:00 a.m., para hacerme una ecografía, mientras tomaba unas pastillas que aumentan la producción de las hormonas que provocan la ovulación (folitropinas) y que mejora la capacidad de los ovarios para producir uno o más óvulos maduros. Recuerdo que esas pastillas eran tan fuertes que sentía que estaba en la menopausia. Las oleadas de calor eran desesperantes.

Ese tratamiento no hizo efecto. Estaba desesperada, mi ansiedad y estrés desataron peleas con mi esposo. Lo único que le preguntaba a Dios era: ¿Por qué me pasa eso si tú me prometiste hijos? Siempre proclamaba esta palabra que un día me regaló mi marido: En el seno de tu hogar, tu esposa será como vid llena de uvas; alrededor de tu mesa, tus hijos serán como vástagos de olivo. Salmos 128:3.

Habían pasado casi tres años. Mi fe tambaleaba. Estaba tan desesperada con todo –hogar y trabajo- que una mañana subí donde la directora del noticiero y le conté mi situación. Ella solo me dijo: “No te preocupes, si no puedes tener hijos, haz como yo, adopta un niño”. Quedé en silencio, esa noche hablé con mi esposo, le pregunté si me seguía amando y me respondió: “No te dejaré de amar así no puedas tener hijos… vamos a seguir intentando, no te preocupes”. Él sí tenía fe, yo no quería nada.

En una de las ecografías de rutina, el radiólogo notó que mi vesícula estaba grande. Otros exámenes arrojaron que tenía gastritis crónica y que, además, sufría cefalea migrañosa. Corrí donde mi ginecólogo, le expresé mi desespero y los síntomas presentados, me recomendó visitar al cirujano.

“Debemos operar pronto, esa vesícula está muy inflamada al parecer por estrés y, además, tiene un pólipo. Lo mejor es extraerla, llevarla a patología y estar seguros de que esa masa no es nada grave”, dijo el cirujano. Obviamente accedí.

Tan pronto le conté a mi ginecólogo sobre la cirugía se le ocurrió una idea: “Mira, como lo de tu vesícula va a ser un procedimiento por laparoscopia, quiero realizarte en esa misma intervención un drilling ovárico que consiste en crear múltiples perforaciones en la superficie de los ovarios (aproximadamente 10 en cada uno) empleando láser o el bisturí eléctrico”. Acepté.

La cirugía debía hacerse con urgencia. Cuando ya tenía la cita, mi jefa pidió posponerla porque había mucho trabajo. Me llené de rabia y tuve que esperar 20 eternos días. Pasó el tiempo. Había llegado la hora. Todo estaba en las manos de Dios. Decía mentalmente: “Señor, haz tu voluntad, si esto no funciona; intentaré fertilización in vitro o adoptaré”.

Las cirugías se realizaron con éxito (me extrajeron la vesícula y perforaron mis ovarios). A los 15 días volví a mi trabajo y a los dos meses recibí una carta del canal que me agradecía los cinco años que había trabajado con ellos. Sí, me sacaron sin motivo y aunque fue duro, le di gracias a Dios porque tenía pensado renunciar. A los tres días de mi salida me confirmaron que tenía casi un mes de embarazo. Mi esposo no lo creyó sino hasta que presenció la primera ecografía y escuchó ese diminuto corazón latiendo.

Era septiembre de 2010, y con dos meses de embarazo me llamaron a trabajar con el gobierno en el Noticiero del Senado, pero con el “corre corre” diario tuve dos amenazas de aborto. Así que luego de tres meses, presenté la renuncia al director del medio y al presidente del Senado de ese momento, Armando Benedetti, quienes me propusieron que me quedara. Mi renuncia fue irrevocable, estaba dispuesta a hacer lo que fuera por mi hijo. Y así fue… Me dediqué a estar tranquila en casa y a tener un embarazo feliz. El 24 de marzo de 2011, a las 37 semanas y media, nació mi milagrito quien hoy tiene cuatro años; además tengo otra preciosa niña de dos. Me quedó claro que el Señor cumple lo que promete. Para Él no hay nada imposible. Soy la mamá más feliz del mundo.

Infertilidad, más común de lo que se cree

La Organización Mundial de la Salud asegura que una de cada 10 parejas tiene problemas de fertilidad. Es decir, cerca de 8 millones de personas en el mundo sufren alguna dificultad para concebir.

La revista The Economist predijo el año pasado que en la próxima década, la mitad de la humanidad tendrá solamente los niños suficientes para reemplazar a sus padres. La tasa de fertilidad o de fecundidad de la mitad de la humanidad será de dos, uno o menos. Será uno de los cambios sociales más dramáticos de la Historia.

En Colombia las cifras cambian, no son las mismas de años atrás: la infertilidad se acerca al 30% (entre dos y tres millones de colombianos) y el 90% de parejas que acuden al especialista llegan con problemas de infertilidad, afirma Jorge Ramírez, presidente de la Fundación Colombiana de Parejas Infértiles.

¿Qué es infertilidad? ¿Cuáles son las causas?

La Fundación Colombiana de Parejas Infértiles, define la infertilidad como “imposibilidad de lograr un embarazo luego de un año de relaciones sexuales regulares, 2 a 3 veces por semana, sin protección”. Llama la atención que entre el 25 y el 50% de las parejas estériles no consultan.

De acuerdo a las estadísticas disponibles, 40% de casos de infertilidad son de origen femenino, otro 40% es masculino, y existe además un 20% donde se combinan causas con origen tanto en el hombre como en la mujer. El portal médico Medline Plus enumera las causas más frecuentes:

Infertilidad femenina

Puede ocurrir cuando:

•Un óvulo fecundado o el embrión no sobrevive una vez que se fija al revestimiento del útero (matriz).

•El óvulo fecundado no se fija al revestimiento del útero.

•Los óvulos no pueden movilizarse desde el ovario hasta el útero.

•Los ovarios tienen problemas para producir óvulos.

Infertilidad Masculina

Puede deberse a:

•Una disminución de la cantidad de espermatozoides.

•Espermatozoides que resultan bloqueados y no pueden ser liberados.

•Defectos en los espermatozoides.

*La entrevistada quiso guardar su identidad y la de todos los personajes involucrados.

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