Martes, 14 Julio 2015 22:40

Fifa, una “olla podrida” en explosión

La pelota se manchó ¿Cómo limpiarla? Según la investigación, no son ‘manzanas podridas’, sino una práctica corrupta de la FIFA, la Conmebol y la CONCACAF. Bajo la ‘era’ Blatter, los ingresos pasaron de US $500 a US $5.750 millones. Hubo plata para todo y para todos.

El pasado 27 de mayo, el mundo se despertó con el estallido del escándalo de la FIFA. A las 6 a. m, siete funcionarios, que se alojaban en un lujoso hotel de Zurich, fueron capturados por las autoridades suizas. Todos, altos directivos del organismo, quienes asistirían al 65º Congreso para la elección del presidente de la entidad rectora del fútbol mundial para el periodo 2015-2019.

La Fiscal General de Estados Unidos, Loretta Lynch, había solicitado la cooperación suiza, por solicitud de la Oficina Federal de Investigación (FBI), con el fin de imputarle cargos de asociación delictiva, soborno, fraude en transferencias, lavado de dinero y obstrucción a la justicia a 14 personas vinculadas a la FIFA (nueve directivos y cinco empresarios).

Pero allí no empezó todo. La adjudicación de sedes y derechos de comercialización, a cambio de ‘coimas’, desde 1991 a 2013 empezaron a tomar fuerza, a partir de 2011, poco después de que el comité ejecutivo otorgara la sede de los Mundiales de 2018 y 2022 a Rusia y Qatar, respectivamente.

Rusia fue designada como sede sobre países como Australia e Inglaterra, que también habrían ofrecido y/o pagado sobornos. Desafortunadamente, Rusia se ha negado a colaborar con la investigación, tanto a la Comisión de Ética de la FIFA, como a las autoridades judiciales, para buscar elementos probatorios de un eventual soborno.

El caso más sospechoso es la elección de Qatar. Un país con condiciones climatológicas extremas (temperaturas superiores a 40º), cercado por naciones en conflicto o con terrorismo y sin tradición futbolística alguna (eso sí, con poderosos jeques petroleros), fue designado, el mismo día que Rusia.

A raíz del ‘tufillo’ de duda dejado en esta elección, sumado a un correo encontrado a Jerome Valcke (vicepresidente de la FIFA) enviado a Jack Warner (entonces presidente de la CONCACAF, que decía “o piensa que puedes comprar a la FIFA como compraron la Copa del Mundo [Qatar-2022]”, se inició una investigación en el seno de la Comisión de Ética. La desafortunada frase se refería a Mohammed Bin Hammam, presidente de la Confederación Asiática de Fútbol.

La Comisión fue presidida por el alemán Hans-Joachim Eckert, y se nombró al norteamericano Michael García, como investigador. García entregó un informe de 350 páginas, que salpicaba a numerosos dirigentes desde 1991, bajo la presidencia del brasilero Joao Havelange y el suizo Joseph Blatter como vicepresidente; sin embargo, Eckert consideró que su publicación podía deteriorar la imagen institucional de la FIFA y ante la presión de desafiliación de la UEFA, solamente accedió a publicar un sumario de 42 páginas acerca del informe de García, donde omitían la identidad de los implicados.

Para García, el documento deformaba los resultados de su investigación y, por tanto, renunció a la FIFA. Se especula que entregó su informe a un investigador del FBI, y de ahí en adelante, fue la justicia de EE. UU. quien se ocupó del tema.

La Fiscal Loretta Lynch, mantuvo en reserva la investigación. El primer capturado fue Chuck Blazer, quien decidió cooperar con las autoridades para obtener un tratamiento benigno. Así prendió el ventilador y empezó a delatar a sus cómplices.

El entramado corrupto funcionaba así. La FIFA cuenta con una empresa de mercadeo deportivo que comercializa los derechos de trasmisión y publicidad de sus eventos. Esta empresa, a su vez, los vende a las cadenas televisivas y patrocinadores. Se descubrió que los dirigentes Jack Warner, Nicolás Léoz, Eugenio Figueroa, Jeffrey Webb, Eduardo Li, Julio Rocha, Julio Grondona, Rafael Esquivel y José María Marin, volvieron una costumbre ‘arreglar’ sobornos con empresarios. Por su parte, José Hawilla de Traffic, Alejandro Burzaco de TyC Sports, y Hugo y Mariano Jinkis de Full Play, productores televisivos, eran sus socios en América. Eran la CONCACAF y la Conmebol las asociaciones más corruptas en el mundo. Para la trasmisión en este continente de la Copa América y Copa Libertadores, se pactó un soborno por US $110 millones. Los empresarios ya han confesado su responsabilidad.

También se encontró que en la adjudicación del Mundial Sudáfrica 2010, hubo una ‘coima’ de US $10 millones, pagada por el gobierno anfitrión a Warner, a cambio del voto de los 41 miembros de la CONCACAF. Lo peor fue que, para disimular el giro, la FIFA sirvió de intermediaria. Precisamente, esta revelación que involucró directamente al segundo de la FIFA, Jerome Valcke, fue el hecho que forzó la renuncia de Blatter.

Brasil-2014 también es objeto de investigación. A la empresa Traffic, se adjudicó los derechos de producción televisiva. Bajo la era de Blatter, no fue éste el único escándalo. Se sabe que en las designaciones de los mundiales de 1998 y 2002 hubo sobornos. También, compra de votos en la cuarta elección a la presidencia, en 2011. Es así, como la FIFA pasó de ser la multinacional más influyente del mundo (con más miembros que la ONU), y al dejarse permear de corrupción en sus máximas esferas, terminó convertida en el cartel criminal que hoy sale a la luz.

Los patrocinadores habituales han manifestado su preocupación frente al desprestigio de su imagen. Tanto la ONU como el Vaticano, han suspendido los vínculos con la FIFA, con propósitos sociales, al menos mientras la investigación termina.

La pelota se ha manchado ¿Cómo limpiar la imagen del fútbol? Pese a lo incipiente de las investigaciones, se sabe que no se trataba de ‘manzanas podridas’ sino de una práctica sistemática e institucionalizada al interior de la FIFA, la Conmebol y la CONCACAF. Los responsables deben pagar, pero también es necesario disolver estas entidades criminales. ¿Cómo presionarlo? Mediante la desafiliación masiva de las asociaciones continentales y federaciones nacionales que están limpias.

Por: Enrique Saavedra Valdiri - Foto: Getty Images

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