Martes, 21 Febrero 2017 19:47

Lloronas pero fuertes

Es cierto, las mujeres lloramos más que los hombres. Unas más, otras menos; lloramos por esto, aquello, lo otro y ni hablar cuando estamos en “aquellos días”. ¡Pero ni modos! Así fuimos creadas por Dios y así nos aman. Cabe aclarar que aunque nos vean débiles por fuera, somos fuertes por dentro.

Según el psicólogo y profesor holandés Ad Vingerhoets, de la Universidad de Tilburg, Países Bajos, quien encuestó a más de 5.000 adultos jóvenes en más de 25 países, reveló que las mujeres lloran de 30 a 64 veces al año, mientras que los hombres de seis a 17 veces.

En cuanto al tiempo de duración del llanto, encontró que las mujeres lloran durante seis minutos seguidos, en promedio y los hombres, por el contrario, lo hacen por dos o tres minutos.

¿Por qué lloramos tanto?

Un tiempo para llorar, y un tiempo para reír… Eclesiastés 3:4a.

Las mujeres somos susceptibles, dramáticas y ¡lloronas! Muchas veces, diversas situaciones nos hacen aguar los ojos y lloramos como una Magdalena. A veces, tratamos de aguantar, pero el nudo en la garganta se suelta, las lágrimas salen sin parar.

“Me considero llorona a morir, no sé, creo que soy muy sensible ante algunas circunstancias y cuando lo hago, lloro con mucho sentimiento. Cuando estaba embarazada, por ejemplo, lo hacía todo el tiempo, veía una propaganda de pañales ¡y se me escurrían las lágrimas! Dios nos creó lloronas con el fin de que nuestro corazón tuviera esa especie de –escape- El señor conoce cada uno de nuestro momentos de llanto, sabe si son de impotencia, coraje, odio, gratitud, entrega, felicidad, etc. Somos la niña de sus ojos y tiene nuestras lágrimas en su redoma. Él convertirá nuestras lágrimas en alegría”, cuenta Gloria Angarita a H&C.

Ser mujer no es fácil, el papel que jugamos dentro de la familia y sociedad es importante. Muchas llevan cargas, tienen que sacar adelante una familia; otras, llevan sobre sus hombros maltrato, problemas, falta de amor. Llorar es una terapia que desahoga y libera. Lo mejor de esto, es que el único que conoce el llanto de una mujer es Dios. Él sabe qué pasa en cada corazón, conoce nuestro pasado, presente y futuro. Cada lágrima derramada no nos hace más débiles, al contrario, nos hace más fuertes.

Llorar y ¿llorar?

La bloguera Paula Andrea Vega, hace la siguiente reflexión y pregunta: “¿Qué ganas con llorar y no hacer nada? Es un punto en el que no debemos caer. Es válido llorar y buscar la solución, debes coger las riendas de lo que te produce esa angustia, orar, pedir sabiduría y confiar plenamente en Cristo.

En la vida se presentan situaciones inesperadas que deslumbran o desconciertan. Confiar en el hombre no es fácil. La confianza no es posible cuando en tu corazón tienes guardado el pasado y no lo has dejado ir. Cada momento de aflicción es una oportunidad más para crecer, para demostrarle a Dios que confiamos primeramente en Él.

Es normal que mujeres como tú y yo nos sintamos mal por alguna situación que ocurrió. Nuestro corazón es muy consentido y le gusta el buen trato, tanto, que al menor brinquito inesperado nos sentimos vulnerables, y salen a flote cosas  que no se han limpiado.

Sin embargo, en ocasiones, las cosas pasan porque Dios busca fortalecer las debilidades que nos eslavizan. Sentirse afligida por momentos no es malo, llorar ayuda a limpiar el alma, a reflexionar y a sentirse más cerca de Dios… allí Dios se manifiesta más fácil en ese momento pleno de emotividad… y siempre habla, te consuela y envía a quien menos imaginas para decirte que Él está allí. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman… Romanos 8:28a”.

Algunas mujeres que lloraron en la Biblia

- El llanto de Agar ante la prevista muerte de su hijo Ismael.

…y fue a sentarse sola a cierta distancia, pues pensaba: «No quiero ver morir al niño.» En cuanto ella se sentó, comenzó a llorar desconsoladamente. Génesis 21:16.

- Llora la hija de Jefté antes de ser sacrificada por su padre.

Pero concédeme esta sola petición —añadió—. Ya que nunca me casaré, dame un plazo de dos meses para retirarme a las montañas y llorar allí con mis amigas. Jueces 11:37.

- Lloran Orpá y Rut, cuando su suegra Noemí las despide.

Luego las besó. Pero ellas, deshechas en llanto, alzaron la voz. Rut 1:9b.

- En el templo de Siló, Ana lamenta su esterilidad.

Cada año, cuando iban a la casa del Señor, sucedía lo mismo: Penina la atormentaba, hasta que Ana se ponía a llorar y ni comer quería. 1 Samuel 1:7.

- Cuando Jesús se encuentra con el dolor de una mujer pecadora.

Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume. Lucas 7:38.

- También se destacan: el dolor de María, con motivo de la muerte de su hermano Lázaro y el llanto de María Magdalena junto al sepulcro vacío.

Lágrimas de Mujer

“¿Por qué lloras mamá?”, le preguntó un niñito a su madre.

“Porque soy mujer”, contestó la mujer.

“Pero, no entiendo”, dijo el niño.

Su madre se inclinó hacia él y abrazándolo le dijo, “Y nunca lo entenderás”...

Más tarde el niñito le preguntó a su padre: “¿Por qué mamá llora a veces sin ninguna razón?”.

“Todas las mujeres lloran siempre sin ninguna razón”. Era todo lo que el padre le podía contestar.

El pequeño niño creció y se convirtió en todo un hombre, preguntándose todavía por qué era que las mujeres lloraban.

Un día el niño convertido en hombre se arrodilló y le preguntó a Dios:

“Dios: ¿Por qué lloran tan fácilmente las mujeres?”

Y Dios le dijo: - Cuando hice a la mujer tenía que ser algo especial. Hice sus hombros suficientemente fuertes como para cargar el peso del mundo entero, pero a la misma vez lo suficientemente suave para confortar a quien lo necesite.

- Le di una inmensa fuerza interior para que pudiera soportar el dolor de dar a luz y hasta el rechazo que muchas veces proviene de sus propios hijos.

- Le di una dureza que le permite seguir adelante y cuidar a su familia a pesar de las edades y la fatiga y sin quejarse aun cuando otros se rinden.

- Le di la sensibilidad para amar a un niño bajo cualquier circunstancia, aún cuando su niño la haya lastimado. Esa misma sensibilidad que hace que cualquier tristeza, llanto o dolor del niño desaparezca y que le hace compartir las ansiedades y miedos de la adolescencia e incluso de la edad madura...

- Le di la fuerza suficiente para que pudiera perdonar las faltas a su esposo y la moldeé de una de sus costillas para que ella pudiera cuidar de su corazón.

- Le di sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa y a veces le pongo pruebas para medir su fuerza y su determinación para mantenerse a su lado a pesar de todo.

- Le di lágrimas de las reales que brotan de ella exclusivamente cuando su ser necesita expresarse más allá de las palabras.

- Esa es su única debilidad... lágrimas que piden perdón por los errores y la dureza del corazón de la humanidad”.

Doy gracias a Dios por haber creado a la mujer. Y... a esos hombres que tienen mujeres en sus vidas, aprendan a valorarlas en la dimensión en que Dios las creó. Autor desconocido

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