Lunes, 11 Mayo 2015 17:20

Las marcas de mamá

Recientemente, las redes sociales se vieron sacudidas por un bikini. ¿La razón? Una mamá decidió dejar a un lado sus complejos para mostrarse con orgullo tal cuál es. Se trata de Rachel Hollis, una madre de tres hijos que a pesar de no encontrarse en la mejor forma, decidió publicar una fotografía suya en bikini mientras disfrutaba de sus vacaciones.

Lo impresionante no es la foto en sí misma, sino la leyenda que la acompaña: “Tengo estrías y me pongo un bikini. Tengo un vientre que está permanentemente flácido por haber llevado a tres bebés gigantes y me pongo un bikini.

Mi ombligo es flojo. . . (algo que antes ni siquiera sabía que era posible) y me pongo un bikini. Me pongo un bikini porque estoy orgullosa de este cuerpo y de cada marca que hay en él. Esas marcas son la prueba de que he tenido la bendición de haber llevado a mis hijos y la barriga flácida significa que trabajé duro para perder todo el peso que pude. Me pongo un bikini porque el único hombre cuya opinión me importa sabe por todo lo que pasé para lucir así.

Ese mismo hombre dice que nunca ha visto nada más sexy que mi cuerpo, con marcas y todo.

No son cicatrices damas, son rayas y se las han ganado. ¡Hagan alarde de sus cuerpos con orgullo! #HollisHoliday” Rachel Hollis.

La foto y su leyenda alcanzaron los 400.000 ‘me gusta’ en Facebook y han sido compartidas por 50.000 personas.

¿Cuestión de vanidad?

Lo primero que Hollis aclaró cuando los medios preguntaron por su publicación, es que no está interesada en que las mujeres salgan a mostrar sus cuerpos de forma vulgar, por el contrario, “quería lucir orgullosa lo que para un cuerpo significa ser mamá de tres”.

La respuesta ha sido tan positiva que Rachel se siente abrumada. “Pensé que iba a conseguir 20 me gusta (como la mayoría de mis fotos) y que sería el final de la historia. La gente ha sido muy positiva y ha escrito cosas bellas e inspiradoras.

Algunas mujeres están publicando sus propias “rayas” (por la similitud de las estrías con las rayas del tigre). Me encanta escuchar que alguien va a usar un bikini por primera vez en 20 años o que mi publicación cambió su perspectiva. Me encanta escuchar a los maridos que dicen cosas como: ¡Llevo años diciendo lo mismo a mi esposa! Y me encanta que repliquen que la única opinión que realmente importa es la de sus esposos”.

¿Por qué tanto escándalo?

Para la psicóloga Diana Hernández, “las mujeres son inseguras en sí mismas. Necesitan constantemente la validación social para sentirse importantes. Además, luego de convertirse en madres y esposas, se acostumbran a dar todo por sus familias y son capaces de renunciar incluso a ellas mismas. Esto se denomina ‘síndrome del ama de casa’. La presión de la sociedad por tener cuerpos perfectos contribuye a que esta inseguridad aumente. Muchas mujeres necesitan enfocarse en lo que significa verdaderamente ser mamá y valorarse a sí mismas por ello”.

La Biblia habla de una belleza mucho más profunda: Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios. 1 Pedro3:3-4

Las marcas de mamá, mucho más que estrías

El testimonio de Camila García se enfoca en las marcas que la maternidad deja en el corazón de una mujer. Cuando hace cinco años me convertí en madre, jamás pensé que amaría tanto este nuevo rol. Y aunque a veces resulta extenuante, no lo cambiaría por nada del mundo.

Las satisfacciones que he experimentado son lo máximo en mi vida y dudo mucho que, incluso lograr un título profesional o conseguir el trabajo de mis sueños, se iguale en la más mínima parte a que alguien de menos de un metro con veinte centímetros de estatura, me llame Mamá.

Por este motivo, he elaborado una lista con algunas de las marcas que ha dejado en mí la maternidad:

1. Me convertí en mejor persona

No importa cuán cansada esté o si he tenido un mal día, debo ser la mejor versión de mí misma cada vez que vuelvo a casa. ¿Cómo negarle una amplia sonrisa a un pequeño, que me recibe con los brazos abiertos cuando me ve llegar? Debo ser mejor: por mí, por él, por nuestra familia.

2. De pronto fui previsora profesional

No solo en el área de los múltiples riesgos que tiene una casa porque, seamos sinceros, cuando no eres madre no dimensionas lo peligros que puede llegar a representar un peldaño de la escalera, el daño que pueden hacer las puntas de las mesas, y poco importa el tipo de plantas que adornan tu sala. También he debido aprender a ser previsora pues, de una forma u otra, la vida me enseñó que las enfermedades no conocen de fechas de pago, los cumpleaños de los compañeros de curso son frecuentes y los materiales extras tampoco se hacen esperar.

3. Saqué las fuerzas que tenía escondidas

Sinceramente no tengo la menor idea dónde tenía guardadas las fuerzas interiores que me llevan a luchar por mi hijo día a día. Siento que puedo hacer todo por él, incluso superar mis miedos, como conducir, con tal de llevarlo a su entrenamiento de Taekwondo de manera rápida y segura.

4. Entendí que la naturaleza es sabia

Nunca antes me importó mucho el desarrollo del cuerpo humano, quizás porque uno asume que cada parte de él tiene un funcionamiento determinado. Sin embargo, desde que nació mi hijo, comprendí que una semana más en el vientre es tan importante como pocas veces dimensioné.

Poco a poco logré entender que mi hijo tiene su propio ritmo y que no es necesario compararlo con patrones preestablecidos por la sociedad.

5. Amé más a su padre

Antes de que mi hijo naciera, vivir bien y cómodos era algo natural, pero cuando vi llegar a mi esposo cansado por trabajar algunas o horas extras, para poder alcanzar una nueva meta familiar, fue algo difícil de explicar: me llevó a amarlo aún más que cuando lo conocí.

6. Maduré

Los problemas que antiguamente eran “tremendos”, hoy no representan ni siquiera una inquietud. Lejos de pensar en el fin de semana como una oportunidad para salir a bailar con mis amigas o mi marido, siempre pienso en algún panorama en que los tres podamos disfrutar sin límites.

No puedo negar que muchas veces he llorado porque no me he sentido capaz de enfrentar algunos retos propios de esta gran tarea. Pero poco a poco Dios me ha mostrado el camino para seguir y salir adelante, sin temer a los cambios.

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