Viernes, 18 Noviembre 2016 18:44

Reconciliarse también implica pedir perdón

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¿Ha tenido diferencias con alguien y no sabe cómo reconciliarse? ¿Es consciente que debe pedir perdón y todavía no lo ha hecho? Hechos&Crónicas le explica.

“Hace poco tuvimos un problema familiar. Mi familia quedó dividida debido a una controversia que se armó y no supimos manejar. Lo triste es que todos salimos ofendidos, y dejamos de hablarnos. Después de orar mucho, me di cuenta que todos teníamos algo de razón y que parte de la culpa fue mía. Aunque también me sentí ofendida, sé que mi obligación es dar el primer paso y pedir perdón, el problema es que en este momento, dos de mis familiares no me hablan y francamente no sé qué hacer para pedirles perdón”, asegura Marcela Pinzón a Hechos&Crónicas.

Mucho se ha hablado sobre la importancia de perdonar. De lo sanador y liberador que es reconciliarse con quien nos ha ofendido, pero ¿qué pasa cuando somos nosotros quienes debemos pedir perdón?

Un chiste popular asegura que la palabra más difícil de pronunciar, después de ‘desoxirribonucleico’ es precisamente esta: perdón. Implica un trabajo personal de arrepentimiento en el que cobra un papel importante la humildad. El mundo nos ha enseñado a ser orgullosos y a que humillarse delante de otro es un acto de debilidad. Pero no es así, pedir perdón es un acto de profunda grandeza.

Para el pastor Álvaro Lozano, coordinador de las iglesias locales de Casa Sobre la Roca, lo primero es identificar en qué punto está cada uno y cómo está el corazón. “En Mateo encontramos una reflexión sobre el tema: Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. Mateo 5:21-26. Allí se evidencia una necesidad de reconciliación. Hay un proceso que se debe seguir y unos principios básicos, pero hay que establecer que cada caso es particular.

En Mateo 18:15-20, la Biblia también provee un sistema de escalamiento en caso de tener diferencias con alguien. Es un proceso que se debe seguir en caso de ser nosotros los ofendidos.

En el caso específico del testimonio de Marcela, es clave lo que dice Pablo: Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. Romanos 12:18 El versículo es claro: ¿Ha hecho todo de su parte para estar en paz? Si es sí, descanse con tranquilidad porque no podemos obligar a los demás a reconciliarse con nosotros.

Por ejemplo, en esta época en que Colombia se encuentra de cara a la paz, 82% de los colombianos cree que para lograr la paz hay que perdonar. Además, este mismo porcentaje cree que para alcanzar la paz no basta con la firma del acuerdo, sino que además es indispensable la reconciliación, la cual pasa por el perdón.

¿Qué es reconciliación? El pastor Lozano afirma que “reconciliarse es pasar de enemistad a amistad. Para llegar a una reconciliación, generalmente tengo que perdonar, pero esto no implica comunión. Yo me puedo reconciliar con alguien, pero no necesariamente tengo que restablecer la comunión. Una cosa es reconciliarme y que en mi corazón no haya nada contra ti y otra cosa es tener comunión contigo. Si a mí me hace daño mantener esa relación, yo perdono y pido perdón si ofendí, pero cada cuál toma su posición”.

¿Quién debe tomar la iniciativa?

La responsabilidad es de quien originó el tema, del ofensor. Lo principal es orar y que sea Dios quien toque corazones y comprender que no podemos obligar al otro. Nuestra obligación es intentar reconciliarnos, hasta donde dependa de nosotros mismos.

Cuando no soy directamente el involucrado me corresponde preguntarme, ¿he sido incendiario o he sido conciliador? Lo que me pide la Biblia es ser conciliador. ¿Cuál es mi radio de acción? ¿A quiénes puedo convertir en conciliador?

Si a mí me ofendieron y luego ofendí también, ¿me corresponde pedir perdón primero?

Corresponde a cada uno, de la forma en que el Espíritu Santo lo toca. El orden de las cosas es que debe pedir perdón el que primero ofendió, pero si a mí me ofendieron y yo ofendí, que el Espíritu Santo toque y esté dispuesto a abrir los canales de comunicación para poder pasar a una etapa de amistad.

El pastor Silvano Espíndola, de Casa Sobre la Roca Boca Ratón, en su prédica ‘Tome la iniciativa para pedir perdón’, afirma: “es mi responsabilidad desatar la armonía en el lugar en el que estoy. No es mi problema si los demás no quieren estar bien, mi problema es estar en paz con todos. No tener nada en mi corazón contra nadie. Su problema es su corazón, no el de los demás. Es su vida con Dios y ante esto no debe prevalecer la división”.

¿Cuál es el problema de la división?

El orgullo es una lepra que nos carcome. Tenemos que revisar el corazón. Tenemos que volvernos serios espiritualmente hablando. Eso de “yo no perdono porque lo que me hizo es muy grave” no excusa para abrir las puertas de la destrucción. Seguro Dios nos perdonó más de lo que nos hicieron.

El problema es que el orgullo no busca el perdón sino la venganza. Los habitantes de las principales ciudades de Colombia se debaten entre el perdón y la venganza. 47% de ellos cree ser más propenso a la venganza y 46% al perdón.

Además, en la familia no debe prevalecer la división. Jesús conocía sus pensamientos, y les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia dividida contra sí misma no se mantendrá en pie. Mateo 12:25.

Así que sea consciente. Ore para que sea Dios quien toque los corazones de los involucrados. En cuanto le sea posible, busque la reconciliación y que su corazón esté en paz. Si los demás no tienen interés en reconciliarse, no los vea como sus enemigos, sino con el amor de Dios y ore aún más por ellos.

Si usted reconoce haber ofendido a alguien y quiere ponerse en paz, Hechos&Crónicas sugiere algunos pasos:

Deseche la idea de tener razón

Las discusiones generalmente son frustrantes y más, si se ahonda en los detalles de “tú hiciste” o “yo hice”. La experiencia es subjetiva. Entrar en esa discusión puede ser doloroso para ambos. Una disculpa tiene que reconocer la veracidad de los sentimientos de la otra persona independientemente de si cree que “tiene razón” o no.

Usted debe asumir la responsabilidad por sus acciones. No pase la responsabilidad al otro. Mantenga el enfoque en lo que hizo y evite culpar al otro.

Evite justificar sus acciones

Es natural querer justificar sus acciones. Sin embargo, presentar justificaciones a menudo invalida el significado de una disculpa por parecer poco sincera. No dé a entender que el otro malinterpretó, como “Lo tomaste a mal”. Asuma la responsabilidad y formule frases como “Te pido perdón por haber herido tus sentimientos”.

Use las excusas cuidadosamente

Una disculpa puede expresar que su ofensa no fue intencional. Esto puede ser útil para asegurarle a la persona que importa y que usted no tuvo la intención de lastimarla. Debe tener cuidado de que las razones por su comportamiento no se conviertan en justificaciones por el daño que hizo. Es más probable que la persona que salió lastimada lo perdone si ofrece excusas en lugar de justificaciones.

Restituya el daño

Si usted causó algún tipo de daño que deba reparar, no dude en hacerlo. No se trata solamente de disculparse y mostrar arrepentimiento, sino de tomar y expresar las acciones necesarias para que no vuelva a ocurrir y restituir lo que dañó, de ser posible.

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