Lunes, 17 Abril 2017 18:17

Tensiones y conflictos

En la tolerancia religiosa no todos los países han avanzado tanto como sería deseable.

El ultimo evento sobre tema tan importante fue el Cuarto Congreso Mundial de Libertad Religiosa reunido en Río de Janeiro en junio de 1997, ¡hace ya 20 años! En esa ocasión, el doctor Abdelfattah Amor, relator especial de la Comisión de Derechos del Hombre de las Naciones Unidas sobre Intolerancia Religiosa, expresó algunas inquietudes, que –y parece mentira- siguen siendo de palpitante actualidad. Recordemos, solo como ejemplo estas palabras:

“Las grandes religiones y las menos grandes, antiguas o recientes, monoteístas o no, están expuestas a los ataques y los ultrajes. No parece que la libertad religiosa haya conquistado, en todas partes, los espíritus. Cada religión tiene la tendencia a considerar que ella es la única detentadora de la verdad y que es su deber conducir a todo el mundo a la verdad. Eso no favorece, en todo caso, la tolerancia interreligiosa. La imbricación de la política y lo religioso, de forma manifiesta o bien latente, contribuye a alimentar actitudes, comportamientos, tensiones y a desarrollar conflictos”.

En Colombia, lamentablemente, algunos púlpitos se han convertido en tribunas politiqueras y, quienes las usan, están “manzanillando” el cristianismo en una forma que no tiene precedentes en la historia evangélica del país. La iglesia es, por supuesto, un actor de la vida nacional y no puede permanecer indiferente en medio del acontecer de la sociedad.

Pero, como lo hemos repetido mil veces, hay que cristianizar la política sin politizar el cristianismo. Entre tanto, es muy significativo que en el Israel de hoy se haya abierto un franco diálogo sobre secularización entre no religiosos que propician una constitución política de corte laico y ortodoxos que defienden la Torá como Carta Magna del Estado. Asimismo, llama la atención el planteamiento de Atal Behari Vajpayee, cuando era primer ministro de la India, al conmemorar el Día de la Independencia de su ultrarreligioso país:

“En el siglo XXI ya no es posible trazar fronteras en nombre de la religión o por el poder de la espada”. Sería deseable que en Colombia se cumpliera, con siglos de retraso, la Carta de Tolerancia de John Locke:

1. Toda persona es autónoma en materia religiosa.

2. El estado no tiene injerencia en cuestiones religiosas.

3. Las iglesias pueden hacer proselitismo por medio de la persuasión y no de la coacción.

4. Ni el estado ni las iglesias pueden ejercer coerción en asuntos religiosos.

5. Los derechos individuales no pueden ser vulnerados por razones religiosas.

6. La tolerancia no es para los intolerantes, enemigos naturales de la tolerancia.

7. El estado protegerá solo a los sistemas religiosos positivos, que buscan el bien y la moral.

Dios lo permita así. Pero, es apenas obvio que los predicadores dieran ejemplo de convivencia y tolerancia, evitando todo lenguaje ofensivo y guerrerita, contrario al espíritu de la fe cristiana. Nunca olvidemos que la tolerancia no es para los intolerantes, porque ellos son los primeros enemigos de la tolerancia.

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