Martes, 24 Noviembre 2015 22:28

La nueva frontera digital (Parte 2)

Por: Juan Carlos Estupiñán, Productor y Director de Efectos Visuales.

Explosión global

Hace un par de días me serví un café, acomodé la silla de la sala de televisión en una posición más cercana a la pantalla, tomé el control, y busqué un capítulo de Homeland, una de mis series favoritas, para ponerme al día con la temporada.

Antes de dar play le pregunté a mi hija de 17 años si quería ver la serie conmigo, y me respondió con un balbuceo casi imperceptible: “No papi, gracias”; le pregunté qué veía, concentrada en la pantalla de su smartphone como si se tratara de un test de física cuántica, y con otro semi-gruñido me dijo:“Once Upon a Time”, su serie favorita. Pudo más mi curiosidad y fui al escritorio donde mi hija de 16 años hacía tareas en el portátil mientras se tomaba selfies que subía a su cuenta de Instagram, después de haber grabado pequeños loops para Snapchat, elementos que a su vez compartía con su grupo de chat de tMt en WhatsApp y con el grupo de familia en iMessage.

Inquieto, le subí un tinto a mi esposa, quien a su vez, tenía una sesión de Facetime con nuestra hija mayor y nuestra nieta en Bogotá, mientras al mismo tiempo veía el capítulo de su novela favorita On Demand, y descargaba la letra de una canción que debía estudiar para el ensayo del día siguiente, haciendo streaming en Youtube. Estábamos todos haciendo lo mismo, cada uno por separado.

La televisión de antes

Crecí en un mundo donde las opciones de entretenimiento eran casi todas orgánicas, reales, tangibles. Nada reemplazaba una tarde jugando ponchados en la calle de enfrente con los amigos de la cuadra, un partido de baloncesto en la cancha de la iglesia o una aventura en bicicleta más allá de los límites del barrio. La televisión era ese lugar donde nos reuníamos todos en familia para reírnos de las ocurrencias de Juan Ramón Vargas y Pepita Mendieta, o llorábamos con el drama mexicano de “Quinceañera”, o nos emocionábamos con el segundo lugar de Colombia en Miss Universo. La sala de TV era el lugar de congregación familiar frente a programas especiales como Teletón o los Premios Oscar que transmitía don Julio E. Sánchez Vanegas.

Eran épocas en que los creadores de contenido debían generar proyectos que tocaran todos los universos de audiencia, los rangos de edad más extensos, ambos géneros, múltiples susceptibilidades, y hacerlo todo dentro del presupuesto y con una calidad mayor al canal enfrentado. Hoy, sin embargo, el modelo de negocio ha cambiado radicalmente. Solo en el caso de Estados Unidos, mayor productor de entretenimiento en el mundo, las antes todopoderosas cadenas nacionales, han visto amenazado su imperio por pequeñas cadenas de cable como AMC, que revienta los números de rating con sus estrenos.

El cable, ¿destinado a terminar?

Las plataformas de streaming, tipo Netflix, cada vez atraen más cantidad de usuarios dispuestos a pagar una mensualidad por contenido premium. HBO, el abuelo de los canales de cable y creador del concepto de contenido original, despegó este año con su propia plataforma en línea sin necesidad de suscripción a cable; y el contagio con otros que se suman a proveedores de contenido como Hulu, Amazon Prime, etc., parece incontenible.

En este escenario que plantea una revolución en el consumo de entretenimiento, el factor principal es el usuario: Ya no depende de datos estadísticos y proyecciones contratadas la definición del contenido; ahora es el número de clicks el que manda; similar al caso de las redes sociales, los programadores en línea tienen datos milimétricos en tiempo real de sus servidores, y saben exactamente cuándo una serie pierde interés o qué actriz hace abandonar capítulos.

Y el contenido cristiano ¿Qué?

El reto entonces, como dijimos en la primera parte, es el contenido; pero... ¿cómo saber qué quiere el usuario y cómo conectar esto con nuestro llamado a contar las buenas nuevas?

Creo que la respuesta está en las audiencias de nicho: esos segmentos de la audiencia con intereses específicos, visión compartida, valores similares y cosmovisión en común. Como creadores de contenidos podemos generar proyectos exitosos en términos financieros, enfocados a un público cristiano: materiales para niños, series familiares, talk shows, programas de cocina, de ejercicios, artes, turismo... casi que no hay límite sobre la cantidad de temas que el consumidor cristiano está necesitando, además con una variable importante: el idioma. Hay muchísimo material para niños con fundamento en la Palabra de Dios, pero la abrumadora mayoría es producida en inglés, enfocado a una cultura anglosajona. Producir en español y con una fuerte identidad en las raíces culturales latinoamericanas, puede convertirse en una ventaja competitiva importante.

Y ¿por qué es necesario que sea exitoso este ejercicio? Porque el éxito comercial de estos proyectos enfocados a un mercado cristiano necesitado de entretenimiento, nos dará los recursos, el entrenamiento y el desarrollo del equipo humano y técnico necesarios para nuestro verdadero llamado: llevar el evangelio, las buenas nuevas del amor de Jesús, a toda criatura, en todo idioma, a todo pueblo, raza y Nación.

Necesitamos entender que el éxito de un producto cristiano debe impulsar esfuerzos evangelísticos, que no deben depender de un éxito comercial, pues no es este su objetivo; debemos invertir en recursos, creatividad, tiempo, esfuerzo y unción, en el desarrollo de historias que lleven la semilla poderosa de la Palabra de Dios a aquellos que no saben que la necesitan y que no van a pagar por estos contenidos.

Necesitamos pedir la inspiración del Espíritu Santo para innovar en la manera de llevar este mensaje; descubrir nuevas estrategias, nuevos métodos, nuevas formas de contar, mostrar, sugerir, lejanas al discurso religioso que aleja de las salas de cine a quienes no comparten nuestra fe, y que en lugar de abrir los corazones, terminan cerrando las mentes escépticas.

Necesitamos una revolución en nuestra creatividad, en estos tiempos de revolución digital que claman a gritos nuevos contenidos, nuevos formatos y nuevos productos para todos los géneros y todas las edades.

Si usted alguna vez soñó con llevar el amor de Cristo a todas las naciones, nunca hubo una época más propicia para hacerlo. Puede comenzar hoy mismo, desde la pantalla de su computador parafraseando a Nehemías: Con una mano en la Biblia, y la otra sobre el teclado.

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