Miércoles, 06 Enero 2016 22:29

Decir adiós ¿es crecer?

En la vida llega un momento cuando la zona de comodidad empieza a incomodar y es allí donde las decisiones toman un papel protagónico. 

Renunciar a un trabajo, cambiar de carrera, terminar una relación de amistad o noviazgo, salir de una sociedad o negocio y dejar de hacer algo que ya era un hábito… ¿Será momento de decir adiós? ¿Creceré o me estancaré?

En la Biblia los casos de este tipo de decisiones existen desde el Génesis. Noé dijo adiós a sus amigos y conocidos para construir un arca con su familia. Jacob se apartó de su familia para crear la suya. Jesús se retiró en soledad durante 40 días para tener comunión especial con Dios y Pablo tuvo que separarse de Bernabé, uno de sus mejores amigos, para compartir el Evangelio a más personas. Jesucristo recuerda que en el campo del matrimonio “el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer”… y los casos bíblicos abundan.

Sin embargo, el asunto va más allá de decir adiós y ya. Dios pone oportunidades en la vida de las personas pero son ellas quienes deben tomar la decisión de aceptar el reto o simplemente dejarlo pasar. Es como la lectura de un libro, hay que ir cerrando capítulos con el fin de comprender toda la obra y así entender el final. No es cuestión de despedirse sino de cerrar los ciclos de la vida.

Cerrando ciclos

Todo en la vida está conformado por ciclos, no en vano el apóstol Pablo expresa en 1 Corintios 13:11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; cuando llegué a ser adulto, dejé atrás las cosas de niño.

Los ciclos son momentos y etapas que nos ayudan a crecer, madurar y razonar acerca de nuestra vida. Cada uno de ellos tiene sus propios problemas, reflexiones y metas cumplidas, como está escrito en Mateo 6:34 Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas. Es necesario superarlos para seguir en el proceso de aprender todos los días algo nuevo y así encontrar nuevos retos para la vida.

Pablo, el gran apóstol del cristianismo, es un gran ejemplo. Empezó su vida persiguiendo cristianos hasta encontrarse con Jesús en el camino de Damasco, hecho que le abriría un nuevo ciclo ministerial: compartir el evangelio a los no judíos. ¿Qué habría pasado si Pablo se hubiera quedado persiguiendo cristianos?

Otro de los grandes íconos del cierre de ciclos es José, hijo de Jacob. Su vida como el hijo preferido de papá era estupenda hasta cuando sus hermanos lo vendieron como esclavo. En Egipto, su rectitud lo llevó a pasar años en prisión codeándose con lo peor del mundo antiguo hasta que, finalmente, tuvo su etapa de restauración para luego convertirse en el segundo al mando de todo Egipto. ¿Qué habría sucedido si José no hubiera cerrado estos ciclos de dolor y sufrimiento?

Muchas veces las etapas que deben atravesar y cerrar no son fáciles de cruzar y, por el contrario, como lo describe un popular vallenato colombiano, “los caminos de la vida no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía. Los caminos de la vida son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos, yo no encuentro la salida”.

David Hormachea, pastor y autor cristiano, en su artículo titulado “Cómo dejar de mirar el futuro con la nuca” expresa muy bien este concepto: “mirar el futuro con la nuca es estar contento o atrapado en el presente por pensar tanto en el pasado. Quedarse satisfecho en el presente es no tener visión. Sin visión nadie siente necesidad de evaluar lo que hace, ni se siente incómodo con sus logros. Sin evaluación, no es posible planificar. Sin planificación es imposible proyectarse y sin proyección usted vivirá sin cumplir el propósito maravilloso por el cual Dios lo dejó en este mundo. Él tiene preparada cosas grandes y maravillosas para nosotros. Aunque usted anhele grandes metas con todo su corazón, es imposible lograrlas sin oración y acción”.

Es hora de decir adiós

Un adiós siempre va a doler pero puede doler mucho más si no se realiza. Muchas veces las oportunidades que Dios envía no vienen con todos los letreros puestos indicando que es bueno para usted. Así lo explica Jesús en Mateo 25:44 cuando a través de una parábola concluye: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos? Él les responderá: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí.” Recuerde que las oportunidades solo llegan una vez.

Una carrera, un noviazgo, una amistad, un proyecto o una sociedad, cuando esto le impida avanzar, la mejor decisión que usted pueda tomar es despedirse de ello. Cientos de personas han empezado la historia de su vida haciendo una cosa y prosperan en otra muy diferente. La única diferencia que pueden tener con usted, es dejar a un lado ese lastre que no lo deja avanzar.

Ha escuchado “las malas amistades corrompen las buenas costumbres”, que además de ser una frase de mamá, allí descansa una gran verdad: las malas amistades no lo dejan avanzar y, generalmente, arruinan todo por lo que se ha trabajado. Dejar a una persona que no aporta nada a su caminar diario, no lo hará ni malo ni bueno pero sí lo ayudará a mejorar.

Cabe recordar que la decisión de decir adiós debe ir acompañada de un profundo análisis de la situación, persona o lugar del cual se piensa despedir. Cerrar un ciclo debe tener una reflexión pre y post acerca del proyecto de vida que Dios tiene para usted y de los objetivos para cumplir con ese propósito. Renunciar a un puesto de trabajo o terminar una relación de muchos años, son decisiones muy delicadas que se deben analizar con lupa para no equivocarse.

La decisión de cerrar una etapa no depende solo de usted sino también de Dios, una cosa es ver una parte del camino y otra muy diferente es ver toda la vía. Cuando la decisión esté clara tenga en cuenta que para cerrar el ciclo debe hacerlo bien y no regularmente, es como un libro, para entender la historia del segundo capítulo se debió antes concluir el primero hasta la última letra. La idea de finalizar las etapas es deshacernos de ataduras del pasado para avanzar, por tal motivo hágalo de forma clara, honesta, sin ofender y con mucha prudencia, no se le olvide que no hay nada mejor que dejar las puertas abiertas.

Para concluir, y como lo expone la Sagrada Escritura en 1 Corintios 3:5-7 Después de todo, ¿qué es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Nada más que servidores por medio de los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que el Señor le asignó a cada uno. Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino sólo Dios, quien es el que hace crecer”. Las personas, situaciones y experiencias ocurren y se van de nuestra vida con un propósito, por eso despedir los ciclos es necesario para el crecimiento personal y espiritual del individuo. Si tiene que decir adiós, hágalo. Usted es el único que puede tomar la decisión de crecer o quedarse estancado en la zona de comodidad.

Por: David Bernal

Foto: Flickr bajo licencia Creative Commons

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