Martes, 25 Octubre 2016 23:40

Amor ¿sin compromiso?

“Amigos con derechos”, “arrocito en bajo”, “el vacile”, “el tinieblo”, “la susodicha”, “amigos especiales” ¿reconoce o ha escuchado estas categorizaciones de relación? Hoy, crece una generación que busca obtener todos los beneficios del amor pero sin ningún compromiso. ¿Evolución o degradación de las relaciones y el amor?

Desde hace varios años, la tendencia del amor sin compromiso ha crecido con tanta fuerza que pocas personas apuestan a una relación de verdad. Canciones, videos de Youtube, libros, post de Facebook, columnas, tweets, programas de tv y demás medios hablan de este tema como la mejor forma de tener una relación pero, realmente, ¿lo es?

Krysti Wilkinson, bloguera y escritora cristiana, en su columna “Somos una generación que no quiere relaciones” publicada en el Huffington Post sostiene que “Queremos la fachada de una relación, pero no queremos el esfuerzo que implica tenerla. Queremos tomarnos de las manos, pero no mantener contacto visual; queremos coquetear, pero no sostener conversaciones serias; queremos promesas, pero no compromiso real; queremos celebrar aniversarios, pero sin los 365 días de esfuerzo que implican. Queremos un “felices para siempre”, pero no queremos esforzarnos aquí y ahora. Queremos tener relaciones profundas, sin ir muy en serio. Queremos un amor de campeonato, pero no estamos dispuestos a entrenar”. Este es el panorama actual de buena parte de las relaciones.

¿Es cuestión de buscar el o la indicada?

Se podría decir que el reto que impulsa hoy a muchos jóvenes es encontrar a la persona indicada para sus vidas y lo hacen a través de diversos medios: el método clásico ligado al romanticismo otros a través de formas “contemporáneas” para buscar a su media naranja, como las citas por internet, Tinder y las redes sociales.

Sin embargo, los casos de decepciones amorosas abundan, para algunos con consecuencias incluso mortales, otros con la destrucción de sus sentimientos y profundas heridas en el corazón. La pregunta en este punto es ¿debo seguir buscando? o ¿me debo preparar para ser el indicado?

Andrey Molina, pastor y director del ministerio juvenil Timoteos de la Iglesia Casa Sobre la Roca, explica que “hay un afán de la juventud por buscar a la persona indicada, la persona perfecta. Este fenómeno se volvió un problema porque el indicador para encontrar a esa pareja ideal es la “química”, si la hay, es la persona indicada; si no, no lo es. Sin embargo, con el tiempo la “química” empieza a morir y llega el momento de la decepción. Llegan nuevamente las citas casuales, basadas en la “química” e impulsadas por la excusa de que el amor ideal es imposible y finalmente se vuelve al ciclo de iniciar una relación, tener sexo para mantenerla y finalizarla porque decepcionó. ¿Cuál es la solución? Aprender a amar. En la vida nadie nos ha enseñado a hacerlo y cuando finalmente lo aprendemos, debemos reflexionar y poner los sentimientos a prueba, sin desbordar en el romanticismo. En conclusión, yo no debo buscar a la persona indicada, debo convertirme en la persona indicada”, puntualiza el pastor Molina.

Esto va en línea con lo que dice la Biblia en Filipenses 1:9 -10 “Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, para que disciernan lo que es mejor, y sean puros e irreprochables para el día de Cristo”.

Un ciclo emocional que deja daños

“Durante mi juventud fui protagonista de idilios fugaces, de facilismo erótico, adecuados, según creía, a mis necesidades sentimentales. No fui un picaflor, gracias a mi estructural tendencia a la monogamia; pero durante aquella etapa mi corazón no fue capturado en absoluto. Manejaba más o menos a voluntad una especie de interruptor eléctrico emocional que me permitía desconectarme de cualquier relación que amenazara causarme daño. Con el tiempo he sabido que aquel mecanismo de defensa personal causó heridas a mujeres que me amaban. Un pecado que he confesado a Dios, arrepentido de haberme prestado al juego del engañador”, confiesa el pastor Darío Silva-Silva en su libro El Sexo en la Biblia.

Las relaciones casuales no son una evolución del amor sino una involución del mismo. Estas generan heridas que tardan años en repararse, las emociones se tornan superficiales y los problemas se convierten en la mejor excusa para terminar más no para superar. Este tipo de relaciones vuelve cobardes al hombre y a la mujer, transforma el cariño en una fuente de egoísmo e hipocresía donde florecen los celos y la desconfianza, la conexión se vuelve costumbre y el sexo pasa de ser una bendición matrimonial al desfibrilador que reanima la poca química que queda. La pareja deja de ser pareja para ser un simple proveedor.

“Esperamos encontrar la felicidad. Queremos descargarnos en la persona perfecta para nosotros como si fuera una aplicación nueva; que puede actualizarse cada vez que hay un fallo, guardarse fácilmente en una carpeta y borrarse cuando ya no se utiliza. No queremos abrirnos; o, lo que es peor, no queremos ayudar a nadie a abrirse. Queremos mantener lo feo tras una portada, esconder las imperfecciones bajo filtros de Instagram, ver otro episodio de una serie en vez de tener una conversación real. Nos gusta la idea de querer a alguien a pesar de sus defectos, pero seguimos sin dejarle ver la luz del día a nuestro auténtico yo”, sostiene Krysti Wilkinson en su columna.

Esto es todo lo contrario al amor real y verdadero. No en vano la Biblia describe a la perfección como es el amor en 1 Corintios 13 …El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.

El amor de pareja no es cosa de niños, por eso deje de pensar como uno de ellos y no viva de fantasías, la característica principal de los ciclos amorosos casuales es que lo llevan a la misma parte y su maleta de vida va estar llena de decepción, desconfianza, soledad, vergüenza y tendrá su corazón maltratado y herido.

No caiga en ese juego, no es en vano que las Sagradas Escrituras exhortan en Proverbios 4:23 sobre la necesidad de cuidar el corazón: “Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida”. No endurezca su corazón por experiencias fallidas y heridas profundas que nacieron por “química”, recuerde lo que concluye Mateo 24:12 “Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará”.

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