Martes, 10 Noviembre 2015 23:22

Paradojas en el camino

Hace unos años, un reconocido técnico de la selección colombiana de fútbol añadió a su buena fama como seleccionador una paradójica frase que, bien interpretada o no, lo hizo pasar a la historia: “perder es ganar un poco”.

Y aunque al final no se supo a ciencia cierta qué fue lo que quiso decir, su frase me sirve para recordar que el camino cristiano está lleno de paradojas, ideas contrarias a la opinión común, como poner la otra mejilla, amar a los enemigos, reconciliar, siempre perdonar y muchas otras de las cuales está repleta la Biblia.

El esencialista Pablo de Tarso afirmó: “…cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Un similar y perenne axioma también es citado en el mismo libro por el profeta Joel: “Que diga el cobarde: «¡Soy un valiente!»”. Obviamente el panorama se aclara para todos cuando en el contexto comprendemos que el poder de Dios se perfecciona en nuestras debilidades y nos da la valentía sobre la cobardía.

La humildad, ficha clave del ajedrez de la fe, es otra interesante paradoja. Lastimosamente en el inconsciente colectivo ha hecho carrera exitosa aquella nefasta idea que afirma que para ser humilde se debe ser pobre y que es necesario ser despojado hasta de la honra para llegar a manifestar humildad. ¿Se pueden tener bienes materiales y ser humilde? Por supuesto que sí. Allí justamente es donde está lo paradójico de la humildad; en que no se trata de ser menos o tener menos sino de dar más.

Sería absurdo pensar que si Dios paga el precio más grande por medio de su Hijo Jesús en la cruz del calvario para manifestar su salvación, los redimidos crean que no son más que unos trapos inmundos. El profeta Isaías nos recuerda lo que somos ante los ojos de Dios: preciosos y dignos de honra, como para que nosotros nos creamos tan poca cosa. ¡Valemos la sangre de Jesucristo! Pero debemos ser humildes.

Será bueno para nuestro bienestar espiritual reconocer que dar más me hace más, no menos. Entre más entrego más tengo. Apreciar más en lugar de despreciar o menospreciar. Cuando aprecio más a Dios, lo adoro más; si aprecio más a los demás no les juzgo, ni especulo sobre lo que hacen o piensan. Al reconocer a otros entiendo lo que significa ser parte de una sociedad. Para acercarnos a un mejor entendimiento podemos cuestionarnos: ¿cuánto me aprecio? Autoestima ¿Cuánto aprecio a los demás? Reconocimiento. ¿Cuánto aprecio lo que tengo? Gratitud. ¿Cuánto me parezco a Cristo? Humildad.

Coletilla: Una última paradoja, una personal. He descubierto que, en Cristo, mis fracasos muchas veces me han llevado al éxito y los éxitos al fracaso. Y eso me recuerda el lugar que debo ocupar sin importar mis debilidades. Y usted ¿ha descubierto paradojas en el Camino?

Por: Camilo Fonseca, Pastor de la iglesia Casa Sobre la Roca, Barranquilla.

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